Les propongo un pequeño experimento: busquen fotos de eventos sociales como casamientos, cumpleaños, graduaciones, bar o bat mitzvá y observen a las mujeres emperifolladas para la ocasión. Todas, o casi todas lucirán seguramente unos extraños círculos blancos alrededor de los ojos, cual si de mapaches en negativo se tratara. Pueden incluir fotos de eventos de Hollywood en la experiencia, las famosas tampoco se salvan.

Conclusión del estudio de campo: el corrector es un noble producto con el poder de hacernos lucir bellas y frescas… y mucha facilidad para pasarse al bando enemigo.
Para evitar que los correctores nos traicionen es importante elegirlos de la textura y el tono correctos. Los cremosos o compactos son muy cubritivos pero resultan más difíciles de trabajar y suelen ser infames delatores de arruguillas y líneas de expresión. Por eso, es mejor apostar por los correctores fluidos.
Para cubrir ojeras, se aplica MUY POCA cantidad en el ángulo interno del ojo, que es la parte más oscura de la ojera, y se esfuma suavemente hacia afuera con el dedo anular. Si hace falta, repetimos la operación. Para una buena corrección de ojeras es necesario aplicar primero la base de maquillaje, ya que muchas veces con ese primer paso la ojera ya queda disimulada y la cantidad de corrector a colocar se reduce muchísimo. Las mujeres, por alguna extraña razón, tendemos a pensar siempre que somos más ojerosas que Marilyn Manson y aplicamos grandes cantidades de corrector que nos hacen parecer enduídas al agua. Pero la verdad es que poca gente necesita realmente una corrección severa en esa zona, y con muy poco producto alcanza para un efecto saludable. Si no me creen, hagan la prueba de la foto: retrátense con poco corrector y con tres toneladas y notarán rápidamente qué les sienta mejor.

Otro aspecto a tener en cuenta al elegir un corrector es el tono. Conviene huir de los tonos amarillos y elegir matices de salmón para un acabado natural. El temible efecto mapache negativo es hijo directo de elegir un color muy claro pensando que iluminará la zona. Mala idea. Las ojeras son oscuras y necesitan por tanto de un color que las cubra: un tono muy claro solo logrará dejarlas grises. Además, distintos factores como la alimentación, la retención de líquidos y el buen o mal descanso influyen para que el tono ojeril no siempre sea el mismo. ¿Qué hacer entonces?
Un buen truco consiste en adquirir nuestro corrector en los dos tonos extremos de la paleta: el más claro y el más oscuro. Así, solo tenemos que mezclarlos en distintas proporciones según el grado de alerta ojeril de la jornada. Así, de paso, evitamos también adquirir otro tono para cubrir imperfecciones faciales. O tener que cambiar de producto si estamos bronceadas. Y la cantidad que usamos de cada color es tan mínima que la inversión se ve enseguida alegremente amortizada. El corrector claro solito, por su parte, se puede usar como iluminador, pero no en las zonas donde la piel es más oscura sino donde se producen sombras: los laterales de la nariz, las comisuras de la boca, el arco de las cejas…
Convertir al corrector en nuestro aliado es más que fácil. ¿Se animan a probar?
