Todavía me acuerdo la primera vez que comí chipá, y fue en Mendoza, en pleno centro. Allá por los 90 debe haber sido, si mi memoria no me falla… (confieso que me siento anciana diciendo esto) creo que había un puestito en la Galería Caracol. Debe haber durado lo mismo que un pelado en la nieve, sin gorro claro. Yo, confieso, que siempre he sido bastante gordilla de alma. Y todo lo nuevo siempre lo quería probar. Y en mi mente, ha quedado grabado cada nuevo sabor, cada nueva textura, olor y recuerdo de cada comida que me llevé a la boca por primera vez. Es increíble pienso, lo vívido que tengo el recuerdo del primer chipá que probé. La textura misteriosa del almidón de mandioca, el sabor intenso del queso y la tibia temperatura de esa masa en mi boca. Amor a primer bocado.

De ese “amor a primer bocado”, pasaron muchos años para volver a encontrarnos. Quince, tal vez. Volví a sentir lo mismo, pero no lo llamaban chipá, le decían “pan de queijo” y lo reconocí inmediatamente en una playa en Brasil. Mismo amor, diferente nombre.

Los historiadores afirman que el chipá es originario de la zona de las Misiones Jesuíticas Guaraníes (cuya ocupación se extendía sobre norte de Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay) y muy antiguo. En muchos de estos países aún se consume asiduamente. Pero pareciera ser Paraguay el reino del chipá. Donde constituye toda una institución desde el enfoque sociológico, pues no solo es extensivo sino masivo, siendo uno de los principales platos mañaneros, ya que no existe distinción ni clase social, solo la aceptación de su delicado sabor.

También su nombre varía de acuerdo a la zona, en Paraguay y en Formosa y Misiones le dicen chipa, en femenino y sin acento, y en el resto de la Argentina le decimos chipá, en masculino acentuado.

Como características importantes tenemos:

Que es apto para celíacos, apto para vegetarianos que consuman huevo y lácteos, fuente de vitaminas del grupo B.

Ahora, bien, si Usted, tanto como yo adora el chipá, seguramente ha probado o quiere probar este producto. Además porque no se me ocurre donde conseguir almidón de mandioca para hacerlo de forma tradicional.

 

Es una premezcla para preparar chipá.

En la degustación: Lo primero que hice fue prepararlos como indica el envase, con 2 huevos mezclados y 80 cc de agua. Amasé 2 minutos y dividí en 20 bollitos, cociné por 30 minutos y ¡voilá!

Aroma: A queso derretido, bastante bien logrado.  

Sabor: Delicado, sabroso y coherente.

Textura: La textura del almidón de mandioca es única, como “chiclosa” pero agradable.

Precio: $24, rinde para 20 pancitos. 

¿Lo llevamos a casa? Si, se parece bastante al recuerdo que tengo en mi memoria. Me parece genial para preparar en casa, con hijos o sobrinos, para poner a la hora del té, o en el almuerzo. Para rellenar y hacer mini sandwichitos. Creo que mejorarían ampliamente agregándoles queso rallado grueso.  Eso sí, servir calientes o tibios.