Con frecuencia se quejan las madres de que sus hijos no les obedecen y se comportan mal en casa y en el colegio. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Las causas pueden ser diversas, pero podemos señalar algunas. Una suele ser que, durante mucho tiempo, los padres han cedido a sus caprichos o antojos sin justificación. En otras ocasiones se le hacen alabanzas por cualquier cosa y el chico se cree y exige ser el centro del interés de todos.
Cuando el niño está rodeado de excesiva atención y de concesiones inoportunas, suele formarse un carácter débil y tener una timidez desmesurada. Pero, si tiene un temperamento fuerte, suele caer en el egoísmo y tratará por todos los medios de servirse y aprovecharse de los otros para conseguir sus caprichos. Si no lo consigue, se enfadará y puede terminar insultando o pegando a quien lo contradiga.
¿Qué hacer ante un niño caprichoso? ¿Cuándo hay que empezar a resolver este problema? En la primera ocasión en que el chico exige un capricho injustificado, lo correcto es no ceder a su exigencia. Habrá que esperar a que se la pase la pataleta, sin perder los nervios y manteniendo una actitud serena y firme.
Más tarde habrá que hacerlo comprender que su antojo no tiene sentido. Los padres han de tener la fortaleza de no ceder a los caprichos y pensar en el bien del chico, que debe ir siempre delante de la propia comodidad paterna. No importa quedar bien o mal ante los demás, pues lo importante es el bien de los hijos y esta es la clave de la educación.
