Quien haya gastado fortunas en máscaras capilares tratando en vano de domar su cabellera se alegrará de saber que el aceite de oliva es uno de los mejores tratamientos suavizantes y restauradores que existen. El procedimiento a seguir es sencillo: calentamos una toalla húmeda en el microondas por 1 minuto. Aplicamos a continuación el aceite en toda la cabellera, envolvemos con la toalla, esperamos 20 minutos y lavamos como siempre. El efecto puede potenciarse colocando una cofia plástica de baño por encima de la toalla para evitar la rápida dispersión del calor.

Si no tenemos microondas podemos replicar el efecto “cápsula térmica” envolviendo la cabeza con la toalla húmeda y aplicando por encima el aire caliente del secador.
¿Otra opción? Empaquetarnos la cabeza en toalla y cofia y dejar actuar toda la noche. Por la mañana, lavar como de costumbre. Un tratamiento semanal es suficiente para que nuestro pelo deje de asemejarse a una escoba y nos permita -¡por fin!- andar prolijas por la vida.
Pero los usos felices y extra culinarios del aceite de oliva no se acaban allí: este comestible resulta también un excelente desmaquillante de ojos y labios. Totalmente natural, no irrita la piel y tiene además un claro efecto emoliente y suavizante ¿Es perfecto? Bueno, no: si entra en los ojos puede causar irritación temporaria (aunque los desmaquillantes comerciales también) y suele dejar la vista ligeramente borrosa por un rato. Pero perfecto no es nada en esta vida…
También es mi deber informar que si han escuchado por ahí que la mezcla de aceite de oliva y sal funciona como repulpante de labios, haciéndolos parecer más llenos y rozagantes, no se llamen a engaño: no funciona. O mejor dicho, sí funciona, pero el efecto dura exactamente 10 segundos. (No es una exageración, lo cronometré para que vean la rigurosidad científica con que me manejo).
¿Se animan a probar? ¿Conocen otros usos cosméticos de este producto maravilloso?
