“Cielo líquido” sólo podía verse en clubes de cine o alquilarse en videocasete (VHS-Video Home System). Este filme y otros -raros, muy raros, como este– siguen siendo obras de culto, como las de David Lynch (Terciopelo azul), David Cronenberg (Almuerzo desnudo) y Andréi Tarkovski (El sacrificio), por poner pocos ejemplos.
Estrenada en 1982, en plena época del pospunk –movimiento que, de la mano de Sex Pistols y The Clash, entre otros, destronara al rock sinfónico y al progresivo–, con el sida avanzando, prejuicios incluidos, a pasos agigantados, Liquid sky no hizo más que mostrar los excesos de esa década, los riesgos de la contracultura y la emergencia, exaltada, de una nueva psicodelia, esta vez, con la heroína como protagonista.
La trama
En la ciudad de Nueva York, en los 80, extraterrestres invisibles llegan a la Tierra en busca de heroína (qué mejor lugar para encontrarla). Sin embargo, descubren que es mejor extraer las endorfinas de los cerebros de las personas al momento de sus orgasmos.
Los aliens se sitúan en un departamento de la Gran Manzana, donde viven un narco y su amante, una ninfómana, bisexual y andrógina: allí se suceden todos los bizarros hechos de la cinta. Todo comienza con una fiesta frenética, en un living lleno de luces de neón, con todos personajes luciendo “raros peinados nuevos”, típicos de los años 80.

El filme hace una apología de los excesos de la época y, para acercar al público a esa realidad, la edición –con las limitaciones tecnológicas de la época– muestra escenas (debido a la heroína) con colores muy exaltados, hiperrealistas (La canción es la misma, de Led Zeppelin, apeló al mismo recurso) y mostrando casi sólo los contornos de los cuerpos, como si estuvieran sin órganos pero llenos de luces).
Los extraterrestres no ven cómo humanos, sino como si fueran humanos que han consumido ácido lisérgico, acompañados por música sintetizada a 8 bits, como si se recreara un futurista videojuego de Mario Bross.
La estética
Está tratada con iluminación dirigida, el vestuario y el decorado son, decididamente, típicos de esa época, algunos, más raros. No obstante, el guion es provocador, crudo en extremo, y no sorprendería si se aplicara ese tratamiento en esta época; pero, en los 80, no era tan convencional. Por momentos, parece un filme barato, de tercera categoría. Por eso es cine independiente. Jamás lo hubiera producido Hollywood.
Director: Slava Tsukerman
Staff: Anne Carlisle, Paula Sheppard, Bob Brady, Ben Barenholtz, Susan Doukas. Otto von Wernherr y Elaine C. Grove,
Año: 1982
País: Estados Unidos
Premios: Premio Especial del Jurado en el Festival de Montreal – Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Sidney – Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cartagena – Premio Especial del Jurado en el Festival de Bruselas.

