Gabriela Mezzabotta es profesora de Lengua y Literatura en Coquimbito. Ha escrito y editado cinco libros. Dos en coautoría con Verónica Maldonado: Antítesis y Voces de Acuarela (Equinoxio). Sus tres últimos títulos se enmarcan en la literatura juvenil: la novela Rumor y su continuación, Calma, y Donde giran los girasoles (Equinoxio).

Su sexta obra, Pantano, acaba de ganar el Certamen Literario Vendimia en la categoría Juvenil y será publicada por Ediciones Culturales.

Además de su tarea docente y su labor como escritora, Gabriela está a cargo de la producción y conducción de la columna literaria que se emite todos los lunes de 21 a 22 en el programa radial Clima de Radio en Radio Post, conducido por Judith Scheyer. Desde allí, entrevista a escritores locales y realiza una valiosa difusión de las letras mendocinas.

Gabriela visitó El Sol para conversar en una entrevista con Cultura.

Bueno, Gabriela, entonces, “Pantano” se llama el libro y ganó la categoría Novela Juvenil. ¿Cómo para qué edad es?

Sí, está destinado para el mundo adolescente. Yo, por la temática, lo incluiría en un cuarto o quinto año de la secundaria, porque el tema central es el femicidio. Entonces, es un tema muy intenso, muy intenso.

Te basaste en hechos reales.

En realidad, el tema del femicidio es algo que me viene golpeando el corazón hace tiempo. El año pasado hubo un femicidio muy, muy, muy atroz en Maipú, que me movilizó mucho. Y dije, bueno, por este lado voy a ir, pero la idea no era profundizar sobre el hecho del femicidio en sí, sino, bueno, mostrar que existe. Poner a la protagonista como de alguna manera, a ver, cercana, pero que no sea ella la que sufre el femicidio. Entonces, bueno, la protagonista de Pantano es una adolescente que sufre violencia intrafamiliar, y eso sí está basado en un relato de una ex-alumna mía que me contó una vez. Y, bueno, nace así, de ella, y después empieza a relacionarse y como sabe lo que es la violencia, sabe identificarla. De hecho, lucha todo el tiempo con su madre para poder escaparse de ese lugar tan hostil. La madre no se escapa porque, bueno, por las cuestiones de la vida, ¿no? Porque la madre pretende darle estabilidad a la familia, que nada le está saliendo bien, y entre medio, bueno, ella empieza a notar que en cada momento se vuelve como más compleja la situación y que va a llegar un momento que no lo va a poder manejar.

¿Y la que muere es la mamá?

No, es otra persona cercana.

Entonces si bien no te basaste en un hecho preciso, fuiste inspirándote en los femicidios reales que te han impactado. Por ejemplo, este de Maipú que decís.

Sí, fue una chica joven de unos 20, 25 años, que fue asesinada por su cuñado delante de su hija pequeña. Entonces, bueno, eso fue uno de los casos que todos los femicidios nos golpean, nos movilizan, nos atraviesan, pero ese tan cercano, la chica era ex-alumna de la escuela nuestra. Pero, vuelvo a decirte, no quería tampoco ahondar en la profundidad del dolor y en lo macabro de la situación, porque es una literatura destinada a los jóvenes. Entonces la idea es plantearles la situación y trabajar como de manera consciente o crítica ante la situación, pero no agobiarlos tanto.

Y tiene que tener también una dosis de esperanza…

Claro, tiene que haber… Porque si no, es una cosa muy oscura. Te quedás desahuciada al final, ¿no? Claro, es muy oscuro sin nada. Entonces, bueno, lo bonito que tiene esta novela, eso gracias a ser profe tantos años, me fui dando cuenta de que el género policial les encanta, el suspenso les encanta. Entonces hay ahí una conexión entre esa mujer a través de los sueños con la protagonista. La mujer se conecta a través de los sueños y le va dando ciertas pistas para poder de alguna manera esclarecer su caso.

¿Y por qué “Pantano”? ¿Hay un pantano real?

Hay un pantano real. Exactamente.

También, me imagino, que lo usás simbólicamente.

Lo uso muy metafóricamente también. Las mujeres, las protagonistas siempre están como sumergidas bajo el agua, les falta el aire. Paralelamente, también está la amiga de la protagonista, que tiene una situación, una relación tóxica. Entonces, la temática que va girando siempre sobre lo mismo, y Florencia va tratando de abrir ojos, ¿no? Esto que decía ayer en mi columna, que heredamos los karmas y siempre hay alguien en la familia que dice no, no, hasta acá llego, abro los ojos, despierto. Ella va tratando de despertar a todo su contexto. Decirle no, pará, mirá, esto no está bueno. Alentando a su madre, alentando a su amiga.

¿Todo esto sucede en un lugar preciso?

Sí, Santa Fe. Aleatoriamente se me ocurrió la provincia de Santa Fe. Y bueno, también hay algo, una conexión con Chaco. El norte, el norte es muy intenso y siempre se relaciona.

Este no es tu primer libro de literatura juvenil. O sea, vos ya venís escribiendo este género. ¿Todos tus textos son de literatura juvenil?

Mis dos primeros libros son dos antologías de cuentos para gente adulta, es literatura adulta. Antítesis y Voces de Acuarela. Estos dos primeros libros los compartí con Verónica Maldonado, que también es una escritora mendocina, que ahora está en Buenos Aires, e hicimos cuentos que también fueron pintados por artistas plásticas. Ellas escuchaban el relato leído por nosotras y lo pintaban.

Mirá qué lindo, mirá qué lindo. Entonces ahí surgieron estos dos libros para lectores adultos…

Temáticas bien adultas. Y después nos abrimos con Vero. Vero empezó a incursionar en la literatura erótica y yo, después de tantos años de haber trabajado como profe, te debe pasar a vos, a mí me pasaba esto de la necesidad de escribir para los chicos, porque son ellos los que muchas veces te dan el material para poder escribir.

De hecho, Rumor nace como la necesidad de hablar del bullying, pero de verdad, con un final real. Y charlando con mis colegas, porque viste que uno siempre está buscando obras para actualizar el canon literario, para llamarle la atención a los chicos, me llegó en Facebook una noticia de una chica que en el 2016 se dispara en medio de una clase, una clase de Geografía.

Terrible. ¿Acá en Argentina?

Acá en la Argentina, en La Plata. Y así arranca Rumor. El primer capítulo es una chica que entra al curso y se dispara. Y entonces lleva al lector para atrás, lo lleva de los pelos, digo. Y va reconstruyendo el porqué.

También muy del policíal, ¿no?

Por supuesto. Todo medio policial negro. Vamos para atrás para ver qué pasa. Está el muerto en la escena y vamos atrás para ver qué pasa.

Ahora mira qué loco lo que estás contando, porque uno tiene la imagen de la escuela y del bullying más a la norteamericana, que es el pibe que llega y dispara a todos los demás. En cambio, en este caso, la protagonista se autolesiona.

Sí, es algo que se hace a ella misma. No contra los demás, sino… Diferente a la sociedad norteamericana. Yo creo que también genera un impacto, sin duda, en los receptores. Creo que lo hace ahí, en ese escenario, también porque pretende generar un dolor en ciertas personas. Porque para que una chica elija una determinada clase, un determinado momento, también hay un mensaje ahí, dentro de todo eso.

¿Sí? ¿Será? Pensando en la chica real, que inspira la novela, a lo mejor eligió la clase que pudo e hizo lo que pudo.

Puede ser. Así nace Rumor, obviamente, lo único que toma como hecho real es ese disparo, es esa clase. Lo demás está todo ficcionalizado. Traté de conectarme con los papás de esta chica y no pude, no recibí respuesta. Así que, bueno, nada, ficcionalicé todo con mucho respeto.

Como profes, nosotras sabemos muy bien que el bullying existe desde siempre.

Desde siempre y que existe mucho en nuestra sociedad y en las escuelas, es permanente. Y que se normaliza cada vez más. Yo creo que el uso de las redes ha profundizado la problemática, porque no se queda solo en la escuela, en el grupo de amigos, sino que trasciende. Y eso es lo tremendo de todo esto. Llega a cualquier lado. Todo el mundo maneja un video, por ejemplo, y hace lo que quiere con tu vida personal. Te expone de una manera tremenda.

Rumor fue tu primera novela de autoría completamente tuya.

Mi primera creación individual y mi primera novela juvenil, en el 2022. Y a partir de esta novela, después surge Calma, que es la continuación de Rumor. Cuando termino Rumor, yo sentí que no tenía nada más que hacer. O sea, la idea mía era patearle el alma a las personas que leyeran el libro y que entendieran que es grave y que se quedaran con esa sensación. Y claro, los lectores me pedían, no, seguí escribiendo, más que nada los alumnos, porque empecé a ir a las escuelas. Y me decían, profe, pero hacete la continuación, no nos dejés acá con la sensación de…

¿Se los diste a tus propios alumnos o fuiste a otros?

Arranqué dándoselo a mis propios alumnos. Lo trabajé en cuarto, por supuesto, porque estas temáticas son fuertes. Y además fue absolutamente de manera íntegra, trabajada en clase. Nada en su casa. Porque es una lectura que creo que requiere un acompañamiento, un análisis, una reflexión. Cada capítulo es como intenso.

¿Y te permitieron en la escuela darlo?

Sin ningún problema. Es más, bueno, yo empecé a repartirlo con nuestras colegas, iba volando el libro y, bueno, de repente empezaron a llamarme, ya lo leímos acá, venite, ya lo leímos acá, ya lo leímos acá.

¿Y vos ibas a las escuelas? ¿Ibas a visitar a los chicos que lo habían leído?

Sí, hacíamos talleres literarios o cafés literarios y la evolución y todo lo que habían sentido y lo que habían empatizado con la novela. Bueno, fue increíble. Imagínate qué rumor llegó a todas las fronteras de la provincia. Llegó a Neuquén, a La Pampa, después también al norte y a dos escuelas en España. Los chicos le han dado vida leyéndolo, pero nuestros colegas fueron los que hicieron que volara la novela.

Bueno, y “Calma”, entonces, ¿cuándo lo escribiste?

Lo presenté el año pasado a Calma. Este justamente trabaja el tema del duelo. Todas las etapas del duelo y cómo cada uno de los personajes, la madre, el abuelo, el novio, la amiga, cómo fueron transitando el duelo. Procesando eso, claro. Acompañada con mi psicólogo, porque indudablemente tenía que primero estudiar un montón. Tampoco podía hacerlo así de manera irrespetuosa, así que fui muy acompañada por mi psicólogo, él fue guiando…

Pero te fue guiando también en cuestiones teóricas. O sea, tuviste que leer una investigación.

Sí, leer un montón sobre las etapas del duelo, sobre las diferentes respuestas de las personas, cómo suelen responder ante un suicidio y con estas características. Y bueno, y ahí va, por eso la protagonista es Mara, que en la tapa tiene el corazón apretado y las venas tienen los nombres de todos los personajes que quedan duelando. Y te cuento que en estos dos libros, además, fueron dibujadas las tapas y las contratapas por un alumno mío.

¿En serio? Qué bien.

Porque mientras yo daba clases de literatura gauchesca, él dibujaba, hasta que un día le dije, bueno, si vas a dibujar, dibuja mi novela. Así que así empezó, fue una invitación y Raico me dibujó parte de los dibujos internos y las tapas y las contratapas de las dos novelas.

Qué hermoso, o sea, un chico de cuántos años.

Tenía 17 años en ese momento. O sea, estaba en quinto. Y ahí ya egresó de la escuela Fernández Peláez. En Coquimbito.

¿Es la única escuela que tenés?

Ahora sí, hace ya varios años que tengo las 36 horas ahí.

¿Cuánto hace que das clases en la secundaria?

Desde el 2002. Antes de recibirme ya empecé a dar clases. Porque viste que en aquella época no había profes, costaba un montón. Así que como estudiante, ya empecé a dar clases.

¿Y cómo llegó lo de la radio?

Lo de la radio llegó gracias a Calma, porque en una de las movidas de presentación del libro, me llamaron de la radio Nihuil, Judith Scheyer. Y ella me invita a charlar sobre Calma. Le había gustado el nombre y le llamó la atención. Bueno, hablamos, me hizo la entrevista y cuando me fui, me dijo que me iba a llamar porque le gustaría hacer algo literario. Así que así arranco en Clima de Radio. Ahora estamos en la radio Post. Yo empecé la columna oficialmente en la radio Post, la 92.1.

Ahí vos hacés un fragmento del programa.

Un fragmento del programa, es un espacio que está destinado a la literatura, todos los lunes de las 9 a las 10 de la noche, más o menos. Y hablamos de diferentes temas, de la literatura llevada al cine, del amor en la literatura, y bueno, después se me ocurrió empezar a invitar escritores mendocinos para trabajar la literatura regional. Así que todos los lunes tengo un invitado diferente. Esto es maravilloso, porque no solamente les ayuda a ellos también a les dar espacio, sino que a mí me enriquece un montón.

¿Dónde estudiaste tu carrera?

En Santa María Goretti. Ahí fui la primera promoción de Santa María Goretti de profes de Lengua.

¿Y cómo te incentivaron a la escritura?

No, yo escribía así por lo bajo, como hacemos todos los que empezamos a escribir, guardando mis cositas en papel o en algunas cajas. Pero la carrera no iba por ese lado, iba por el lado de la docencia. A mí me gustaba, me gustó toda la vida leer. O sea, no es que lo que más me gustara fuera escribir. Eso lo fui descubriendo quizás después. Y bueno, me animé a compartirlo con Vero, una vez, y me dijo ¡escribís bien! Y Vero también es profe de Lengua y literatura. Y bueno, dijimos, animémonos. Y cuando lo empezamos a compartir, nos dimos cuenta de que gustaba.

Y, además de Rumor y de Calma, tenés “Donde giran los girasoles”.

Este nace también porque iba a articular a las escuelas cercanas de Maipú, porque soy coordinadora, y me decían…

Ibas a articular con las primarias, con séptimo grado.

Sí, y me decían, escribite algo, escribite un cuento, una novela para los chicos. Y esta está destinada para niños de séptimo grado. Ya la están usando en las escuelas primarias de Maipú. Es una novela.

¿Y la temática?

Es muy tierna esta novela porque tiene la temática del primer amor, el conflicto de los jóvenes o preadolescentes con los papás, esta desvinculación, esta pérdida de sentir que son héroes y ya empezar a verlos de carne y hueso, y el tema del conflicto con las redes sociales y cómo los papás también no sabemos a veces cómo manejar esa situación. Cuando entran en el mundo de las redes sociales.

¿De qué año es?

Este lo publiqué este año. En febrero.

¿Qué devoluciones has tenido de parte de lectores sobre tu obra?

La protagonista de Rumor, Mara, es una alumna mía. Porque generalmente tomo a los chicos que tengo como alumnos. Luciano también, un alumno de otra escuela que también tenía, que son los protagonistas. Cuando hice la presentación de Calma, fueron los personajes de Rumor a la presentación. Imagínate que la gente estaba ¡guau! ¡No puedo creer! ¡Esta es Mara! Y la reconocían por la descripción de la novela. Se daban cuenta de quién era Mara, quién era Luciano. Bueno, y Mara, cuando pasa a decir, porque le preguntamos ¿qué sentían ellos de haber sido elegidos como personajes de una historia? Mara dijo que me agradecía porque gracias a mí no había terminado como la Mara de la novela. Yo, en ese momento, lloré. No me podía contener. Fíjate lo que hace un libro, lo que hace un mirar a un alumno, lo que hace decir me preocupa tu situación, me preocupa tu tristeza.

Bueno, ahora vamos un poquito al concurso que vos acabás de ganar. Se ve que hay un camino en vos para llegar a “Pantano”. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que habías ganado el premio?

Bueno, primero que nada, estaba en clase, yo estaba dando clase en quinto y mi hijo cursa en cuarto. Justo había venido al curso a pedirme algo, y salgo y me llaman por teléfono. Yo no suelo atender números telefónicos. Pero cuando veo el teléfono digo, es de Mendoza, lo voy a atender. Cuando me dicen “le hablo de la Subsecretaría”, empecé a llorar, a llorar, pero a llorar con una boba, con una cosa, y mi hijo me dice, “ganaste”. Claro, se dio cuenta porque, bueno, estábamos esperando. Yo ya había dejado Voces, lo presenté; presenté Rumor. Calma no alcancé a presentarlo. Pero esta vez no tenía tanta certeza de que podía llegar a ser una novela elegida. Empecé escribiéndolo en el verano y me trabé, porque no quería, como esto que te decía, que el tema fuera tan contundente que terminara siendo cruel. Quería ir por algún lado que no fuera tan común. Y frené, y cuando me llega la notificación del certamen, los primeros días de abril, lo terminé. Lo terminé el 25.

¿Cuánto tiempo tenías cuando decidiste retomar la escritura?

25 días.

Te pusiste de cabeza.

No paré, o sea, escribía de mañana a tarde. En cualquier momento que estuviera, iba en el auto, iba hablando, me grababa, todo lo que se me ocurría, y lo terminé. Se lo mandé a la Vero. Vero me lo corrigió. Lo mandé un día antes que terminara la convocatoria. Entonces, haber salido ganadora no significa que sea ni la mejor ni la peor, pero significa que es un reconocimiento. Es un reconocimiento. Una validación. Te da una posibilidad de que te conozcan, que te empiecen a visualizar más en el mundo cultural, porque si no, es como que uno trabaja en modo silencioso siempre y te conoce un grupito. Y también asumir que uno cuando va en este proceso, como vos decís, también va creciendo en lo literario.

En ese sentido, ¿crees que tus primeras obras fueron necesarias para llegar a esto, para llegar a “Pantano”?

Y, sin duda, Pantano tiene otra mirada y una técnica narrativa diferente. Son 15 capítulos y en los capítulos impares te vas metiendo en el epígrafe, parte del clímax de la novela. Y eso es una estrategia que no había usado nunca, que también me lo da la posibilidad de haber leído tanto. Porque vamos a asumir una cosa, el ser buenos lectores te permite, te da herramientas para poder ser un poco mejor escritor, ¿no? Así que, bueno, me animé a eso, a también jugar con las técnicas narrativas y eso fue una de las cosas que más le gustó al jurado.

Te dieron una devolución.

Sí, les gustó esto, el suspenso y el clímax que se mantiene todo el tiempo. Vos no sabés qué está pasando, pero sabés que esos pedacitos a algún lado te van a llevar. Y entonces, bueno, un juego narrativo que también gustó. Y esto el juego simbólico entre la realidad, la verosimilitud y la ficción, entre lo onírico y la realidad…

Hablando de que te gusta tanto leer, ¿qué autores admirás?

Me gusta la literatura latinoamericana. Gabriel García Márquez, Cortázar, Isabel Allende son mis grandes maestros. La literatura latinoamericana me parece exquisita y siempre siento que enriquece un montón.

¿Cuándo empezaste a escribir?

Empecé a escribir a los 15, 16 años. Empecé en la poesía y no me salía, así que la abandoné. Después ya en la facultad escribí cuentos, pero vaya Dios a saber dónde quedaron esos cuentos porque estaban escritos en papeles perdidos, nunca compartidos con nadie, con nadie. Y los primeros cuentos que compartí fueron los que compartí con Verónica a los 40 años. Necesité que alguien me dijera que estaba bueno lo que escribía. Y también hacerlo juntas. Y lo hicimos juntas y nos animamos y nos paramos en un escenario las dos, nos sentíamos unas caraduras. Bueno, y así fuimos ahí de a poquito compartiendo.

Todos tus textos los has editado con el sello mendocino Equinoxio

Sí, todo con Sergio.

En tu casa te estimularon, te leían…

No, pero te voy a contar algo mágico. Mi papá muere de un infarto dos días después que murió su mamá. Fue tremendo. Muere de un infarto… Se muere mi abuela un viernes y el domingo se muere mi papá. Tenía 59 años. Cuando él se muere, entre todo el dolor y la inmediatez de la muerte y todo lo que significaba que se me hubiera muerto de un día para el otro mi padre, bueno, empezamos a acomodar las cosas cuando fuimos pudiendo mover sus cosas y encontré un cuaderno de notas donde escribía poesías. Se fue sin haberme dicho que escribía, y yo ya era profe de literatura y todo. Entonces, creo que eso, a mí me lo dijo mi hermano un día, me dijo, “vos viniste así a terminar lo que papi nunca pudo hacer. Vos te animaste”.

¿Y tu papá a qué se dedicaba?

Mi papá era profesor de Dibujo técnico, imagínate. Jefe de taller de una escuela muy conocida en Maipú, la Escuela Emilio Civit, una escuela técnica. Toda su vida conectada con lo técnico. Ni mi madre sabía que él escribía.

En la familia vos sos la que te has dedicado más a lo artístico.

Sí, no había, no había razones para que me gustara leer, porque en casa no había libros. Es más, yo empecé a ir a la biblioteca ahí de Maipú, me sacaba los libros y le decía a papá, mamá, lean esto, que está buenísimo, y así, así empecé, tratando de incentivar al resto de mi familia. Así que, bueno, fue como nadar en contra de la corriente, pero ahí había algo escondido en mi padre, yo no lo supe hasta que después de su partida.

Con respecto a los libros de literatura juvenil, específicamente, ¿qué libros para vos son inspiradores?

Yo he trabajado mucho Liliana Bodoc con los chicos. La admiro profundamente. Después muchos escritores mendocinos también, trabajamos a Mónica Sampaolesi, Vivi Valdo, bueno, son escritoras coetáneas. También Jordi Fabra, Sergio Olguín, bueno, hay mucha, mucha literatura juvenil muy linda.

¿Quiénes han pasado por tu columna en la radio?

Bueno, Vero Maldonado, Vivi Valdo, Mónica Sampaolesi, Gaby Araujo, Sofía Barca, reconocidísima en España, en México, en Perú. María Florencia, que es una escritora de Instanovelas. Ella escribe la novela, una vez que la termina, empieza a subir al Instagram. Día a día, un capítulo. Y empieza a recibir la devolución de los lectores.

Algo parecido al viejo folletín pero aggiornado a la tecnología.

Sí, tal cual. Otro escritor que ha estado charlando en la radio conmigo es Maxi Rodríguez, que hace con un mismo personaje varios cuentos y luego se graba leyendo, lo sube a su canal de YouTube, algo exquisito… como una especie de Casciari mendocino.

Es todos los lunes, ¿y cuánto dura la columna ?

Media hora, a partir de las 21.30, charlamos con el escritor que vaya y también comparten alguno de sus escritos. Leen al aire. Además, les pedimos que nos dejen un libro, que sorteamos. Toda la semana nos escriben los lectores para ganarse el libro. Es un trabajo re bonito.

Excelente que existan espacios de difusión de la literatura mendocina como tu columna radial. La última pregunta, ¿en qué proyecto de escritura estás ahora?

Mi proyecto es hacer la continuación de Donde giran los girasoles, porque también me lo han pedido los mismos chicos. Espero poder lograrlo.

Así comienza “Pantano”

Capítulo número uno
Florencia despertó con sabor a congoja. La noche anterior había dormido abrazada a la culpa y la soledad. El llanto infinito era su compañero desde que se había dado cuenta que la única historia de amor que conocía, no tenía nada de ternura.

Era difícil vivir con el dolor a cuestas. Era difícil escapar de aquella prisión en la que fue condenada al nacer.

Se levantó con la inercia de siempre. Debía ir al colegio y una vez más esconderle al mundo la pena que llevaba por dentro. Retumbaban en sus oídos los gritos y los golpes de la noche anterior. Y aunque, eran para ella una constante, nunca se acostumbraría a ellos.

Peinó su cabello largo oscuro. Mojó su rostro una y otra vez, con la ilusión de que el agua fresca pudiera borrar la marca de un llanto que se había instalado en sus pupilas
hinchadas.

Miró su reflejo. Se detuvo en cada rincón de aquella imagen. Sintió que ya no le quedaban fuerzas para seguir soportando. No creía poder soportar una pelea más.

Pensó en lo difícil que debía ser para su madre convivir con el horror. Aquel miedo que le dejaba huellas en el alma y en la piel, que se disfrazaba de caricias transformadas en trompadas. Ese horror que se convertía a veces en susurros y otra vez, en tornados.

Sintió una vez más que ella y su hermano eran los culpables de esa condena perpetua. Sabía que su madre seguía con esa historia de amor solo para darles estabilidad económica y una familia. Aunque ninguna de las dos cosas, estaban pudiendo concretarse.

Se vistió, bebió un café y cerró la puerta suavemente. Todo lo hizo casi en silencio. En aquel hogar, convertido en sepulcro, ni siquiera había espacio para que entrara
un haz de luz por alguna ventana. Ya no había tampoco sonidos que pudieran oírse después de tanto tormento.

Salió de su casa en puntillas. No quería despertar al lobo. Debía estar cansado después de la cacería nocturna. Seguramente ahora estaría abrazado a su presa, disfrutando de otra de sus victorias, haciéndole creer, una vez más, que no hay vida posible sin él.