Desde julio de 1969 a agosto de ese mismo año, Frank Zappa y sus músicos –tanto o más excéntricos que él– se encerraron en dos estudios de Los Ángeles, California (en sesiones de muchas horas por día) para grabar el segundo álbum de Zappa, quien, más que genio, era un creativo a tiempo completo. El resultado fue extraordinario: seis canciones, algunas de más de 10 minutos, algo usual en la época, que siguen sorprendiendo 55 años después de su publicación, en octubre de 1969.

El registro, contemporáneo a la música de The Rolling Stones, The Beatles y Pink Floyd, es un parteaguas con respecto al sonido y composiciones de las bandas inglesas citadas. Por eso fue tan influyente: por lo demoledora propuesta estética y sonora.

El disco es pura experimentación, libre expresión. Todo suena como si fuera una sola canción (típico de esos años eran las obras conceptuales, como las propuestas de la banda inglesa Génesis de esa época, liderada por Peter Gabriel).

La estética

Hot rats suena a rock, blues, jazz, música electrónica, de orquesta. Las canciones tienen solos de guitarra interminables, que nunca se agotan: Zappa tocaba la guitarra con una moneda).

Staff

Ian Underwood (multiinstrumentos); Max Bennett y Shuggie Otis (bajistas); John Guerin, Paul Humphrey y Ron Selico (bateristas); Don Harris y Jean-Luc Ponty; Captain Beefheart (voz);

Lista de canciones

  1. Peaches en Regalia
  2. Willie the Pimp
  3. Son of Mr. Green Genes
  4. Little Umbrellas
  5. The Gumbo Variations
  6. It Must Be a Camel

Youtube video
Frank Zappa, Willie the Pimp.