Foto: El Sol

Laura Rudman y Leandro Pintos, dos artistas visuales destacados de Mendoza, exponen “Ensayos sobre el vértigo” en el Museo Carlos Alonso (Mansión Stoppel). La muestra permanecerá hasta los primeros días de marzo y puede visitarse gratuitamente de martes a domingos y feriados de 9 a 20. Pero, este miércoles 21 de febrero a las 18, los artistas invitan a una visita guiada para recorrer la muestra en su compañía.

El Sol se acercó al museo para charlar sobre esta propuesta y sobre la obra que conforma Ensayos sobre el vértigo“.

Esta es una visita guiada distinta. ¿De qué se trata?

Laura Rudman: Es una charla informal, un recorrido por la muestra, con una pequeña introducción. Pero la idea es conversar con quienes vengan, recibir la visión de ellos y contar nosotros nuestro proceso. Nos parece importante hacer esto porque el museo es nuestro, es provincial, hay que cuidarlo y defenderlo entre todos, como todos los espacios públicos que permiten el acceso de todos a la cultura.

Leandro Pintos y Laura Rudman.

¿Cómo empezaron a planear la muestra?

Leandro Pintos: Nosotros teníamos una fecha prepandemia que después se nos cayó, por razones obvias. Veníamos con una idea desde entonces.

L.R.: Por supuesto todo se transformó. Pero conservamos el proyecto de hacer algo juntos. Claro que muchas veces hemos expuesto juntos, pero ahora la idea fue un proyecto que conceptualmente unificara nuestra obra.

¿Cómo era antes?

L.P.: Cada uno traía su obra y era una muestra colectiva, pero ahora hay un tema que atraviesa la muestra y una fusión de las técnicas de Laura y las mías.

L.R.: Y, de hecho, hay dos obras hechas en conjunto.

¿Cómo llegaron al tema del vértigo?

L.R.: De alguna manera buscamos algo que nos interesara a ambos. Yo vengo trabajando las vistas aéreas hace mucho.

L.P.: Yo trabajo mucho en el tema del equilibrio.

L.R.: Creo que el tema nos encontró a nosotros.

¿Y una vez que dieron con el vértigo se pusieron a investigar sobre él?

L.P.: No para todos es lo mismo el vértigo y, de hecho, lo encaramos cada uno de forma diferente.

L.R.: Mi obra es como poética, busca una historia y se aferra al vértigo desde otro lugar, y la de Leandro es más visceral. Y bueno, está la atracción y el rechazo por el vértigo también.

L.P.: Hay gente a la que le fascina el vértigo y otra que siente mucho temor.

En lo particular, ¿cómo sienten el vértigo?

L.P.: La velocidad me atrae, la altura no me provoca temor, pero cuando nado, no ver la profundidad, eso me asusta mucho. Algunos vértigos son placenteros y otros no.

L.R.: El vértigo del futuro, por ejemplo, no todos son vértigos concretos; el vértigo de la incertidumbre, el vértigo de la creación.

¿Cómo fue la experiencia de este trabajo de a dos?

L.R.: Lo de consultarnos lo hacemos permanentemente, estamos acostumbrados. Pero esta vez estuvo bueno porque tuvo que ver con un camino en común. Imaginarse la primera gran tela que es la sala, la puesta.

Las esculturas de Leandro

¿Qué vértigo aparece en tu obra, Leandro?

L.P.: Por ejemplo, en mi obra “Caída”, la sensación de que la figura está cayendo y está maniatada y cae hacia atrás. La sensación de quien lo ve es de horror porque cae al vacío, pero su rostro transmite tranquilidad. Es la fusión de placer por ese riesgo. También en “Frágil equilibrio” se ve una mujer atrapada, pero brotan de su interior sensaciones que surgen del equilibrio, del vértigo… no ves su rostro, que está cubierto, pero sí ves lo que brota o crece de ella.

“Caída”, de Leandro Pintos.

L.P.: Yo generalmente hago las figuras desnudas, pero en esta serie están todos cubiertos. En esta figura, “Mirando el vacío“, juego con la liviandad, el viento en las vestiduras, está como asomándose en el borde, en el límite, desafiando al vacío.

¿Por qué varias de tus figuras presentan una discontinuidad en el cuerpo? Están incompletas, les falta algo.

L.P.: Es una forma de proponerle al espectador que participe en la realización de la obra. En todas falta algo, busco que el espectador se imagine el resto, que él complete, que trabaje conmigo.

Frágil equilibrio, de Leandro Pintos.

Además de las esculturas, hay dibujos tuyos.

L.P.: Sí, son muy gestuales, son rostros que buscan plasmar distintas facetas del vértigo. Son bocetos sobre esas sensaciones.

Dibujos de Leandro Pintos.

Las dos obras compartidas

¿Qué me dicen de las dos obras en conjunto?

L.R.: Fusionamos las dos técnicas: la pintura y la chapa batida de las esculturas. El mural está compuesto por un montón de piezas hechas por separado. Están las baldosas de mis patios y una figura que no se sabe si está surgiendo del piso o si quedó atrapada al caer. El espectador decide y completa.

Foto: El Sol

La otra es de una niña o mujer que parece que está por volar.

L.R.: Es el juego de lo ambiguo. Digamos… el piso es el cielo. Pensamos también, a veces, ponerla al revés. Unen los versos del poema de Olga Orozco, que es un poema más largo, hermoso, como si fuera posible jugar en el cielo, o en el piso, en el patio del cielo.

Foto: El Sol

Han incorporado también elementos de otros lenguajes artísticos, por ejemplo, textos

L.R.: Yo soy la que se vincula más con la palabra. El poema de Luciano Rudman, mi hermano, el texto curatorial, lo expusimos como parte de la muestra porque es otra visión del vértigo.

¿Qué es eso, allá, en el fondo del abismo?
¿Una flor, un diamante, una persona muerta?
Será, acaso, una ventana abierta
Será una ínfima semilla de optimismo
Me lo cuestiono, peleo conmigo mismo
Como si fuese yo mi eterno archirrival
Mi cuerpo todo volviéndose animal
De puro instinto, de sangre, de ilusión
Y bien adentro, cerca del corazón
Habría una chispa, para bien o para mal

¿Qué es eso, allá, qué se mueve allá abajo?
No puedo ver, no alcanzo a distinguir
La duda crece, ¿será que esto es morir?
¿Será que no saber es mi mortajo?
Yo, dividido, me enervo y me relajo
Quiero saber, por dios, ¿qué cosa es esa?
Creo que se mueve, juega con mi cabeza
Puede ser una piedra o una mariposa
Puede ser un demonio, puede ser cualquier cosa
No sé si me repugna o me atrae su belleza

El vértigo me parte en dos el pensamiento
Quiero saltar, también quiero quedarme
El miedo ya comienza a amenazarme
¿Es tristeza o alegría esto que siento?
Parece que no acaba este momento
En donde mi razón me subestima
En donde el aire helado me lastima 
Porque salté, lo hice, soy un ave
Aquí en el fondo, donde todo cabe
¿Qué es eso, allá, que me observa en la cima?
Luciano Rudman Belmes

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Los patios de Laura

Laura, los patios aparecen hace rato en tu obra, ¿qué son esos patios?

L.R.: Son una historia escondida, una historia que espiamos detrás de la medianera. Siempre digo que son recuerdos inventados.

Son de otra época, son casas viejas.

L.R.: Sí, hay algo del recuerdo de una historia que ya pasó.

Tres obras de Laura Rudman. Foto: El Sol

Hay elementos en los que se nota el tránsito de gente, pero no hay gente en tus pinturas.

LR: Son espacios habitados por personas, pero no en el momento en que sucede el registro de la imagen. Pero son habitados por la humanidad.

Hay muchas escaleras y sillas. ¿Tienen algún significado especial?

L.R.: Son recursos narrativos, a veces son recursos visuales que tienen que ver con acentuar esa perspectiva, esa vista aérea, y a veces son desafíos de la forma, tratar de inventar sin copiar. Inventar sombras posibles, es un juego de desafío personal.

Los típicos patios de Laura Rudman. Foto: El Sol

¿Qué son esas baldosas? ¿Son, mendocinas?

L.R.: Son una metáfora de lo que somos. Cada uno hecho individualmente y formando un tejido. Se hacían una por una, a mano.

¿Cómo llegan a tu obra?

L.R.: Yo venía haciendo patios desde hace mucho, pero, con mi segundo embarazo, hace ya 13 años, me sentía mal, y en los ratos en que podía hacer algo, pintaba baldosas, que era como seguir un patrón, algo que podía dejar cuando quisiera y después retomar. Cuando Alejo nació, me encontré con un montón de obra que eran baldosas, pisos. Entonces empecé a preguntarme qué pasaba en esos pisos. El tema de la vista cenital y el juego de ver una mesa, un triciclo, desde arriba. Empecé a resignificar las baldosas.

Laura Rudman mostrando el detalle de una de sus obras. Foto: El Sol

Ahora, con el tema del vértigo, ¿las mirás desde arriba?

L.R.: Sí, es como remontar el barrilete, no sólo por el vértigo en altura, sino también por la inestabilidad. No la idea de la caída, sino la de no estar firme.

También hay bocetos tuyos.

L.R.: Son estudios, ensayos de posibles vistas, para llegar a la obra grande.

Estudios de Laura Rudman. Foto: El Sol

¿Por qué te interesan los patios?

L.R.: Hay algo en el patio… ahí ocurre el juego, el encuentro. El patio es un adentro pero afuera. Es algo contenido, pero estás al aire libre. Uno se predispone al encuentro con otro, a desconectar, a cuidar las plantas, a challarte, ocurren otras cosas, es un lugar libre.