El escultor Juan Gavras Quintero abre las puertas de su nuevo taller en Perdriel, Luján de Cuyo, desde donde invita al público y a los artistas a disfrutar de su arte y de este flamante espacio cultural.
En una entrevista a diario El Sol contó sobre su nuevo interés por el arte del tatuaje, los talleres que enseña desde su nuevo espacio, a quiénes admira y considera sus maestros y analizó por qué su arte es sustentable.
El escultor, que nació en Buenos Aires (1984) y luego se radicó en Mendoza, donde estudió Artes Plásticas en San Rafael y Diseño Industrial en la UNCuyo, durante muchos años trabajó desde su taller en Godoy Cruz, pero hace poco logró construir su atelier en Perdriel, Luján de Cuyo, gracias a un crédito del Fondo Nacional de las Artes (FNA).

Trayectoria
Montó su primera exposición en el 2008. Es un artista multifacético, que experimenta con materiales y lenguajes diversos, y apuesta por un arte sustentable. Elementos que a otros les pueden parecer “descarte” o “basura”, gracias a Juan pueden transformarse en piezas de una obra de arte. Algunas de sus colecciones más reconocidas son “Rebelión en la Granja”, “Reviviendo al Melville” y “HUMAQUINOS”. Ha realizado más de 600 esculturas en metal. Según él: “Ser artista hoy implica conocer varias disciplinas y no quedarse con una. Mi fuerte es la escultura, me considero un escultor, pero dibujar es un mundo que a mí me permite desarrollar procesos creativos”. Es por eso que ha diseñado etiquetas para vinos, ha soldado muebles art noveau para bodegas, ha trabajado como escenotécnico en el Teatro Colón de Buenos Aires y hasta ha ilustrado la tapa de un disco de Agustín Ayestarás (@soyrada), de Soy Rada and the Colibriquis.

Inquieto y siempre curioso cuando se trata de bucear en disciplinas artísticas, se apura a contar: “Hoy estoy aprendiendo a tatuar con Candelaria Efe, una excelente tatuadora que admiro, y eso me permite ver el dibujo como punto de partida para diseñar desde una escultura a una etiqueta o un tattoo”.
¿Cómo y cuándo empezaste a hacer escultura en metal?
Siempre dibujé, pero al volumen llegué en una incursión de plastilina, y como soy milennial, los dibujos animados te invitaban a pedirles a tus papás muñecos de acción. En mi caso, fueron las tortugas ninjas, ese fue mi primer encuentro con el dibujo. Entender la forma, mirarlos y dibujarlos. Para mi generación, creo que esa es la meca del arte. La escultura en metal llegó por la facultad de Diseño industrial, yo ya sabía soldar, porque hice un secundario técnico y esa fue mi plataforma más segura. Pero también era el auge de Roberto Rosas, Chipo Céspedes y Eliana Molinelli.
Caí al taller del Guille Rigattieri, su obra me hizo sentir muy cómodo con lo que yo quería hacer. Él me abrió sus puertas, allá por el 2006, quizás. Me acuerdo de compartir el flash de los dibujos animados y los cómics. Él me llevó a conocer a don Roberto (Rosas) y al Fer (su hijo, Fernando Rosas). Mucho se lo debemos a Don Roberto, él nos dio un poco de su identidad, yo feliz de venir de sus pagos.


¿Cómo es la técnica de la escultura en metal?
La técnica es chapa batida que se traduce a hierro forjado. En mi caso, es un puntapié. Yo después de forjar tengo que sumarle un collage, una info de piezas o algún recorte de alguna revista. Que pase algo en la escultura, más allá de la forma. Que tenga ese silencio, pero a la vez ese ícono cronológico. La chapa batida hoy es la forma más convencional de hacer una escultura, junto con la madera.

¿Cuáles son los temas que te interesa mostrar en tus obras?
Mi tema es el avance tecnológico, el exceso de fe en la máquina. El mundo paralelo, los logos, la cantidad de información. Lo ves en los personajes, en el concepto artístico. También, por supuesto, la arquitectura y la sociedad.

¿A quiénes admirás?
Admiro a muchos, desde mis amigos artistas hasta obras del cine, cuentos, historias. Pero, para nombrar a algunos, Candelaria Efe, los pibes de la barba, Jermindo, Calandria, Cees, Iván Delhez, Pancho Pornoit, Gonzalo Hidalgo. Ni hablar de Rigattieri y Fernando Rosas, La Pata Luján, el León, el Tano, de los muralistas. Las obras de mi amiga Verenice Marañón y su papá. En Córdoba hay varios más… está Luciano Carbajo, Pedro Lozos, Nes Budano.

¿Cuáles considerás que han sido los momentos más importantes en tu vida artística?
Creo que trabajar con Rada fue muy bueno, también hacer etiquetas. En el 2014 participé en la bienal de Corea, junto a Diana Calvo, que dirige la fundación y galería de arte Mundo Nuevo, junto a Milo Lockett y otros artistas muy importantes. Trabajar con Chacho Puebla, hicimos una obra en conjunto que se llamó “La máquina del malbec”. Y el proyecto actual, trabajo en una pieza escultórica con concepto sanmartiniano para la bodega Piedra 202, de Flor Burgoa y Mariano Sisti.

¿Cómo surgió el proyecto del atelier en Perdriel?
Yo tenía el taller en el fondo de la casa de mi madre, en Godoy Cruz. Me quedó chico y tuve la oportunidad de irme a Perdriel. Mediante un proyecto que presenté al Fondo Nacional de las Artes, puede adquirir un container marítimo y adaptarlo a taller. Mi plan es poder recibir nuevos proyectos y alumnos. Y seguir trabajando. La idea también es recibir artistas de otras provincias o países, para que puedan desarrollar obra y juntarnos con otros escultores. Quiero abrir las puertas.

¿Cuándo se puede venir al atelier? ¿Qué actividades hay?
Mi taller de escultura siempre está abierto, con previo aviso puedo recibir a gente. Doy clases a grupos reducidos, hacemos un ejercicio que termina en una escultura de chapa en pequeño formato. Este año pienso dar clases de dibujo también.

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