Como todas las semanas, buscamos el encuentro entre autores y lectores locales, para que no sea ajena nuestra producción literaria a los amantes mendocinos de los libros.

Sabemos que no debería ser la falta de divulgación la que impida que se conozca el valioso trabajo de los muchos escritores y escritoras que actualmente producen sus obras aquí y, con gran esfuerzo, intentan que circulen sus páginas y lleguen a la mayor cantidad de lectores posible. Mendoza debe sentirse orgullosa de sus artistas y cuidarlos. Leer a los tantos y tan buenos escritores mendocinos actuales, divulgarlos y apoyarlos, es preservar nuestra cultura.

Muchos nombres consagrados dieron sus primeros pasos de escritura en Mendoza y se proyectaron en el país y el mundo. Como ellos, hay tantos que hoy trabajan denodadamente con la esperanza de publicar y divulgar sus creaciones. Desde este espacio intentamos brindar a los lectores una oportunidad de encontrarse con las páginas de hacedores locales  y ofrecer a escritoras y escritores un sitio más para publicar su trabajo.

En este relato breve, Gabriela Araujo alude a un clásico universal para narrar el horror de la historia más oscura de nuestro país. Se basa en un hecho real ocurrido en Mendoza. El relato abre un juego de intertextualidad que remite nos solo a la literatura infantil sino también a un clásico del rock nacional.

Sobre la autora

Gabriela Araujo nació en Mendoza. Es profesora de Historia egresada de la UNCuyo. Ama la docencia y la literatura. Considera que trabajar con adolescentes es el mejor antídoto contra la desesperanza. En el 2021 participó de “Refugio” una antología de microficciones que surgió de lo compartido en el taller coordinado por Leo Dolengiewich. Algunas de sus microficciones han sido publicadas en la Revista Plesiosaurio.

Actualmente proyecta un libro que reúne cuentos cortos y microficciones relacionados con la historia de Mendoza. Piensa que es posible mezclar historia y ficción y, como Rolando Concatti, cree que en lo que respecta a Historia y Literatura, no se debe subyugar ningún estilo a otro, sino que antes de diluirlos es preferibles exasperarlos.

Para seguir leyendo

Cuentos mendocinos: microrrelatos de Romina Barboza

Solo para nombrar algunas leyendas de las letras de acá: desde los relatos de Juan Draghi Lucero hasta los cuentos y novelas de Antonio Di Benedetto. Tenemos el orgullo de haber sido la tierra de Liliana Bodoc, la primera escritora de…

¿Quién sabe, Alicia?


“Arderá la memoria hasta que todo sea como lo soñamos”.
Paco Urondo


Alicia sale corriendo. Corren también el conejo, el ratón, la duquesa. El gato de
Cheshire deja de sonreír y desaparece. La persiguen. Alicia tiene que salvar a la
criatura que lleva en brazos. La esconde en una tetera gigante, después corre y
trepa por una escalera. Memoriza las calles para saber dónde escondió a su hijita:
Mendoza, Dorrego, Remedios de Escalada y Tucumán.


Los oficiales están muy cerca. Ya han hecho rodar la cabeza del poeta, pero Alicia
no lo sabe. Ella piensa que el poeta se ha quedado dormido para siempre sobre el
volante del auto, después de tomar su pastilla y vomitar una ola de silencio.


Los oficiales la alcanzan. La toman de los pelos, la patean, le desgarran la ropa y la
carne, la tiran a una acequia, la sacan y la suben a un Falcon. Antes de que el auto
arranque, Alicia escucha que la tetera se rompe y la niña llora. ¿También llorarán
por la noche tantos testigos de esa violencia o se repetirán cien veces: algo habrán
hecho hasta quedarse dormidos?


En el D 2, en la calle Belgrano, a pocas cuadras del palacio donde se esconde la
justicia aterrada, hay más Alicias y más criaturas usadas para quebrar a sus
madres.


Un mes después, la pequeña llega a los brazos de sus tíos. Sueña con el país de
las pesadillas. Pero tendrá que esperar veinte años para entender esos sueños y
poder conocer su historia: la del padre poeta y la de su mamá, Alicia Raboy,
periodista desaparecida.