Los hinchas de Independiente Rivadavia y Argentinos Juniors aún no saben dónde se jugará la final de la Copa Argentina.
No saben tampoco el horario, los precios de las entradas y, por consecuencia, están muy lejos de poder coordinar aspectos básicos para decir presente el 5 de noviembre en el estadio que la organización decida: el alojamiento y el traslado.
La apresurada decisión de la organización de programar el partido a menos de dos semanas de conocerse los finalistas vino con un combo difícil de entender: no revelarle a los hinchas toda la información.
Leprosos e hinchas de Argentinos se sorprendieron cuando todavía no bajaba la adrenalina de saberse finalistas: el anuncio de que el encuentro se jugaría el miércoles 5 de noviembre llamó la atención de propios y extraños, pero principalmente de quienes habían viajado a ver la semi.
La precoz programación demandaba volver a organizarse rápido. Los grupos de WhatsApp que se armaron para los viajes no alcanzaron a desarmarse, puesto que había un nuevo destino para visitar y, encima, con un título en juego.
El hartazgo en Mendoza y Buenos Aires es lógico y las redes arden mientras faltan siete días y aún no se sabe el punto del mapa donde se definirá a un clasificado a la Libertadores 26. No hay pasajes sacados ni alojamientos confirmados. Organicemos la final, pero no le digamos a los hinchas dónde ni a qué hora se juega.
