Un intendente peronista contó, en un parate de las negociaciones entre ese sector y el oficialismo, que tiene un negocio particular más allá de su actividad política. Se trata de una heladería. Se le ocurrió, como método de promoción, implementar una “noche de las heladerías”, como suele aplicar otro jefe comunal, pero del radicalismo. Sin embargo, el caudillo justicialista se lamentó luego de la experiencia. “Fue muchísima gente”, aseguró, pero terminó perdiendo la ganancia de un mes en una sola noche, debido a la promoción del 2 por 1.