bien: resulta que un colega fue a verla para entrevistarla y pedirle explicaciones. La senadora, vieja zorra conocedora de las debilidades masculinas, le ordenó a su secretaria –una mujer con un muy buen cuerpo, que suele pasearse por la Casa de las Leyes con interesantes minifaldas– que se sentara frente al periodista con una prenda muy corta. Resulta que la joven secretaria no dejó un segundo de cruzarse de piernas, con el evidente objetivo de desconcentrar a nuestro colega. Al mejor estilo Sharon Stone en Bajos instintos, la senadora y la secretaria utilizaron armas ilegítimas. Igual, desde acá, nuestras felicitaciones por la brillante estrategia.