Durante algunas jornadas, los actores pudieron disfrutar de las bondades del Sur mendocino y, al mismo tiempo, ver los filmes que se proyectaron. Una de las actividades que se realizaron en la primera edición del festival se repitió en esta segunda entrega: los artistas invitados plantaron un árbol –específicamente un álamo–.
Pues bien, cada uno de ellos hizo lo propio y el ejemplar que les tocó tenía su nombre en un cartel de madera. El problema fue que los organizadores no prestaron mucha atención a la forma en que se escriben los apellidos. Por ejemplo, pusieron Nahuel Perel en lugar de Pérez y Nicolás Paul en lugar de Pauls. La sugerencia –con onda– es que, para la próxima, presten más atención.
