Las empanadas, el asado, las sopaipillas, Maradona y la mano de Dios y el chimi. Argentinísimos. Más argentinos que el mate.

Se me ocurrió traer un producto que casi todos conocemos y hemos probado, tal vez no de esta forma. Y es muy interesante la historia que se esconde atrás de esta salsa tan particular.

 

Pienso que es muy común que las culturas desarrollen y se expresen a través de su gastronomía. No olvidemos que comer es el acto social más importante que realizamos a lo largo de toda nuestra vida. Y como País hay mucho de nosotros en cómo comemos.

Se me viene a la cabeza de forma directa que hay muchas culturas que tienen salsas o preparaciones similares. Sin ir más lejos, el curry sería sería el mejor ejemplo. Mezcla de especias de la zona, puede ser seca o fresca. Se usa para aderezar carnes o pescados y diversas preparaciones.  Se dice que existen tantos tipos de curry como cocineros. Acá podríamos decir lo mismo. La receta del chimi es variable, a ojo y depende de quién la prepare.

Son tantas las similitudes que incluso se cree que el origen de la palabra viene de vocablos ingleses, cuando pedían la salsa para condimentar. Algo como: “che, my curry” podría ser una divertida historia para hablar de nuestra salsa bandera.

Pero a diferencia del curry, nosotros lo hacemos casi siempre fresco y con las hierbas y especias que tenemos a mano.

Un chimi que se precie de tal debe tener: perejil, ajo, ají molido y orégano. O por lo menos esa es mi receta, y como ya dije, hay tantas como cocineros.

Me pareció interesante que empezara a aparecer el chimi en botella listo para usar. Asi que lo traje a casa y lo vamos a degustar.

 

En la degustación:

Salsa Chimichurri.

Aroma: a vinagre,  ají y orégano.

Sabor: avinagrado, especiado, muy salado, sabor un poco artificial.

Textura: homogénea, no se divide, se le nota los ingredientes. Atrae más por la vista que por sabor.

Precio: $50 la botella de 380gr.

¿Lo llevamos a casa?

Pienso que en casa con pocas cosas podemos hacer un chimichurri que nos honre más que éste. Con un buen vinagre, un rico aceite de oliva, un poco de perejil robado al verdulero y algo de ají hacemos algo cien veces mejor y sin tanto conservante.