Lo sentís antes de verlo. El cielo se pone amarillento, la temperatura sube de golpe y la humedad se desploma. En la oficina alguien dice “viene Zonda” y, casi como un acuerdo tácito, todos se preparan para un día pesado. Este viento atraviesa el oeste argentino y deja algo más que polvo en los autos: deja una sensación difusa de malestar que muchos mendocinos conocemos de memoria.
¿Es real o es sugestión? La respuesta corta es que hay bastante de real, aunque no por los motivos que suelen repetirse.
Un viento que se calienta al bajar
El Zonda es lo que los meteorólogos llaman un viento de tipo foehn. El aire húmedo del Pacífico sube por la ladera chilena de los Andes, se enfría y descarga su humedad en forma de lluvia o nieve. Cuando cruza la cumbre y desciende hacia nuestro lado, se comprime y se calienta. Llega seco, cálido y a veces con ráfagas muy fuertes. El mismo fenómeno existe en los Alpes, donde el foehn europeo tiene su propia fama de “viento que enloquece”.
Justamente en Europa se estudió durante décadas la relación entre el foehn y la salud. Los trabajos reportan con cierta frecuencia más consultas por cefaleas y migrañas, peor calidad de sueño y aumento de la irritabilidad autopercibida, aunque los resultados no son uniformes y cuesta separar el efecto del viento de otros factores.
El mito de los iones
Durante años se explicó todo con los iones positivos: el viento cargaría el aire de partículas que alteran la serotonina y nos ponen de mal humor. Suena científico, pero la evidencia es floja. Los estudios sobre iones y estado de ánimo son pocos, con muestras chicas y resultados contradictorios. No hay base sólida para afirmar que el Zonda “nos carga” eléctricamente.
Lo que sí tiene respaldo es más prosaico. La humedad muy baja reseca las mucosas de la nariz y la garganta, favorece la deshidratación y empeora la respiración en personas con asma o alergias, sobre todo cuando el viento arrastra polvo. El calor repentino y el ruido constante de las ráfagas interfieren con el sueño. Y un cuerpo que duerme mal, respira aire seco y está en estado de alerta tiende a inclinar la balanza del sistema nervioso autónomo hacia su rama simpática: la de la respuesta de estrés.
Lo que la respiración puede hacer
Acá aparece el yoga, pero con honestidad. Ninguna postura frena el viento ni “neutraliza” nada del aire. Lo que una práctica bien pensada puede hacer es ayudarte a regular tu respuesta.
La respiración lenta, alrededor de seis ciclos por minuto, con exhalaciones más largas que las inhalaciones, está asociada en la investigación a un aumento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador del tono vagal, es decir, de la actividad del sistema parasimpático.
Respirar por la nariz, además, tiene una ventaja extra en días de Zonda: las fosas nasales humedecen y filtran el aire antes de que llegue a los pulmones.
Para esos días conviene una práctica suave y en interior, lejos del calor y el polvo. Balasana (postura del niño) para bajar el ritmo, Supta Baddha Konasana (ángulo atado reclinado) para abrir el pecho sin esfuerzo y Viparita Karani (piernas en la pared) para cerrar. Mejor evitar prácticas intensas o en ambientes calefaccionados: con el aire así de seco, sudar mucho suma deshidratación.
Lo que conviene hacer antes que cualquier asana
En una jornada de Zonda, las medidas de cuidado ambiental tienen prioridad sobre la práctica física.
- Tomá agua con regularidad. No esperes necesariamente a tener mucha sed, especialmente si hace calor. Si tenés una indicación médica de restringir líquidos, respetala.
- Reducí la exposición al viento y al polvo. Mantené cerradas las ventanas durante las ráfagas y seguí las recomendaciones oficiales para ventilar cuando mejoren las condiciones.
- Evitá el ejercicio intenso al aire libre. El esfuerzo físico, el calor y la exposición al polvo pueden sumar exigencias innecesarias.
- Prestá atención al ambiente interior. Si el aire está muy seco, un humidificador limpio puede aportar confort. Usalo con moderación para evitar humedad excesiva y proliferación de hongos.
- No minimices los síntomas importantes. Un dolor de cabeza intenso o inusual, dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión o mareos importantes requieren evaluación médica. No atribuyas automáticamente cualquier síntoma al viento.
No se trata de ganarle al viento
Hay días en los que el cuerpo parece pedirnos que bajemos un cambio. El Zonda puede ser uno de ellos, aunque no todos lo vivamos de la misma manera.
El yoga no necesita prometer que va a neutralizar sus efectos para ser útil. Puede ayudarnos a reconocer la tensión, respirar sin apuro y adaptar la actividad a las condiciones del día. A veces, la práctica más sensata no es una secuencia intensa, sino descansar, hidratarse y dejar para otro momento lo que requiere esfuerzo.
El viento va a seguir su curso. Nosotros podemos cuidar cómo atravesamos esas horas, sin negar lo que sentimos ni convertir una experiencia compartida en una explicación científica que todavía no tenemos.
La próxima vez que sople el Zonda, quizás la pregunta no sea cómo obligarnos a estar tranquilos, sino qué necesita nuestro cuerpo para transitar ese día con un poco más de cuidado.
