Cuando es época de frutillas mucha gente compra en cantidad para preparar mermelada y guardarse esas frutas tan llenas de color para cuando ya no se consigan o no estén tan ricas. Hay personas que hacen conservas con todo, desde duraznos hasta berenjenas o tomatitos cherry. Probablemente sea una cuestión de gusto por esa actividad y el placer de disfrutar el sabor, el aroma y el color aunque ya el tiempo haya pasado. Conservar para evitar que se pierda, para conseguir que las cosas se queden más tiempo con nosotros. Cuando se abre un frasco la garantía de que la conserva está bien hecha es el ruidito, una especie de plaf, si lo escuchamos es una tranquilidad, decimos “hizo bien vacío”. Casi que resultan palabras antagónicas, conservar y vacío. Cuando alguien quiere atrapar una época, un momento de la vida, cuando nos cuesta aceptar el paso del tiempo y la pérdida que eso puede acarrear, nos empeñamos en conservar, en guardar recuerdos, imágenes y hasta costumbres y tradiciones. Todo, justamente, para evitar el vacío que puede dejarnos aquello que ya no está, que ya pasó. ¿Para conservar tiene que haber un vacío? Si no hizo vacío, no se conserva y se conserva para evitar el vacío.
Probablemente hacer mermelada o poner morrones o alcauciles adentro de un frasco tenga mucha menos simbología de lo que alguien puede pensar. Pero sucede que, a veces, mientras se agrega el vinagre a una preparación para bajar el pH y que sea una conserva segura, la cabeza viaja, rememora, recuerda sabores y momentos y, de pronto, lo que se está guardando es algo más que frutas y verduras de estación.
Hay una canción de Carlos Vives, muy llena de ritmo, que invita a moverse y a sonreír mientras se bailotea. Se llama Fruta fresca: ese beso de tu boca que me sabe a fruta fresca… es la fruta fresca, la del momento, la que se come en la época en que se cosecha, la que está más rica, la que es más sabrosa ¿no será mejor comer frutillas en primavera y duraznos en verano? Cada época del año tiene lo suyo ¿cuál será la necesidad de guardar para después? ¿Qué ventaja le encontraremos a saborear duraznos cuando anochece a las seis de la tarde y hay cinco grados de temperatura? ¿Será recordar que el verano existe, que los días luminosos van a volver?
Quizá lo más sano, lo mejor, lo más útil sea preparar mermeladas, si es que nos gusta hacerlo, disfrutar de una rica conserva de tomates con albahaca y armar bruschetas, convidar a alguien, compartir el momento y pasar las recetas . O quizá armar un micro emprendimiento. Todo eso, mientras suena Carlos Vives y le hincamos el diente a un damasco dulcísimo en pleno enero.
