Los precios internacionales del petróleo volvieron a subir este martes ante la creciente preocupación por las interrupciones en el suministro energético provocadas por la escalada del conflicto en Medio Oriente. Los nuevos ataques contra infraestructura de Arabia Saudita dejaron fuera de servicio el estratégico oleoducto Este-Oeste y aumentaron la incertidumbre sobre el transporte de crudo a través del Golfo.
El Brent avanzó US$1,37, equivalente a un 1,3%, y alcanzó los US$107,05 por barril. En tanto, el West Texas Intermediate (WTI) estadounidense subió US$1,53, un 1,51%, hasta los US$102,92.
El mercado sigue con atención la posibilidad de que el conflicto se extienda y genere nuevas interrupciones sobre una infraestructura fundamental para el abastecimiento mundial. Los ataques también impactaron sobre las expectativas en torno al tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de transporte de petróleo del planeta.
Qué pasó con el oleoducto de Arabia Saudita
Las fuerzas hutíes respaldadas por Irán en Yemen lanzaron el lunes nuevos ataques contra territorio saudí. Uno de ellos tuvo como objetivo la base aérea militar de Khamis Mushait, en el sur del país.
Los ataques se produjeron después de otras acciones registradas el viernes contra Arabia Saudita. Según las autoridades saudíes, esas operaciones fueron realizadas por combatientes respaldados por Irán desde Irak.
Las acciones provocaron la interrupción del oleoducto Este-Oeste, una infraestructura clave porque permite transportar petróleo desde los campos del este de Arabia Saudita hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. De esta manera, el país puede evitar el estrecho de Ormuz para una parte de sus exportaciones.
Arabia Saudita utilizaba esa infraestructura para desviar alrededor de 4 millones de barriles diarios, equivalentes a aproximadamente el 4% del suministro mundial. Por eso, una interrupción prolongada podría generar un impacto significativo sobre los mercados internacionales.
El riesgo para el suministro mundial
Compradores y operadores saudíes advirtieron que el país podría comenzar a quedarse sin petróleo disponible para exportación en cuestión de días si no consigue restablecer el funcionamiento del oleoducto.
La interrupción tiene potencial para retirar del mercado hasta un 4% del suministro mundial de petróleo, aunque el impacto final dependerá de cuánto tiempo permanezca paralizada la infraestructura y de la capacidad de Arabia Saudita para utilizar otras rutas y mecanismos de transporte.
“Persiste mucha incertidumbre sobre el alcance de los daños y la duración de la interrupción”, señalaron analistas de ING. Según su evaluación, los precios podrían mantenerse elevados hasta que exista mayor claridad sobre la situación.
Tim Waterer, analista jefe de mercado de KCM Trade, sostuvo que cada nuevo ataque o daño sobre infraestructura energética representa un riesgo adicional para el suministro, mientras los operadores siguen de cerca cualquier señal de normalización del oleoducto Este-Oeste o del tránsito por Ormuz.
Cayó el tránsito por el estrecho de Ormuz
La situación se agravó por la reducción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio energético mundial. Durante el fin de semana se registraron menos de 10 tránsitos diarios de buques de mercancías, frente a un promedio de 14 en los diez días anteriores.
Antes del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero, por esa vía circulaba aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
El temor del mercado es que una prolongación de las interrupciones genere un shock de oferta y mantenga los precios elevados. A esto se suma el aplazamiento de conversaciones previstas entre los países árabes del Golfo e Irán, una señal que incrementó las expectativas de una posible ampliación del conflicto.
En paralelo, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa agregando incertidumbre al escenario energético. El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, afirmó que Kiev está dispuesta a respaldar una propuesta estadounidense para un alto el fuego limitado a las instalaciones energéticas, aunque condicionó ese apoyo a que Washington pueda garantizar que Moscú realmente esté dispuesto a avanzar hacia el final de la guerra.
