Cuando la Policía contra el Narcotráfico (PCN) comenzó a seguir los movimientos de una familia de Tunuyán, la sospecha era que detrás de una aparente actividad comercial se escondía una organización dedicada al tráfico de cocaína hacia Mendoza. Meses después, la investigación terminó exponiendo una estructura que, según la hipótesis de los detectives, tenía conexiones con Bolivia, ramificaciones en San Juan y el Valle de Uco y que habría continuado operando incluso después de la detención de quien los pesquisas consideran su principal referente: Timoteo Mamaní.
La causa volvió a registrar movimientos durante las últimas semanas. La Justicia federal prorrogó la instrucción penal preparatoria y extendió la medida de coerción que pesa sobre los dos principales sospechosos, incluyendo a Janet Soledad Mamaní (20), hija del principal investigado, mientras que el representante del Ministerio Público, Daniel Rodríguez Infante, continúa reuniendo pruebas para determinar el alcance de la organización y el grado de participación de cada uno de los imputados.
La pesquisa también sigue abierta directamente contra Timoteo Mamaní, considerado el presunto líder de la estructura, y tuvo ya una condena luego de las medidas que se realizaron en octubre del año pasado, cuando secuestraron las dosis que venían en el estómago de una mula.

La historia comenzó varios meses antes de las detenciones que trascendieron cuando este diario reveló el caso. De acuerdo con las tareas de inteligencia desarrolladas por la delegación Valle de Uco de la PCN, distintas averiguaciones permitieron detectar que integrantes de la familia Mamaní abastecían puntos de venta de droga en esa región.
En el centro de esa estructura aparecía Timoteo Mamaní, quien, sostenían las pruebas incorporadas, realizaba viajes frecuentes a Bolivia para adquirir cocaína y trasladarla hacia Mendoza, mientras justificaba su crecimiento económico mediante actividades comerciales vinculadas a la exportación de ajo y la explotación de dos comercios “tipo despensa” en la localidad de Vista Flores.
En realidad, todo se potenció el 24 de agosto del año pasado. Ese día, personal de Gendarmería Nacional controló una camioneta Fiat Toro que era conducida por Timoteo Mamaní en San Juan y secuestró más de cinco kilos del polvo blanco. El procedimiento derivó en su detención y alojamiento en el penal de Chimbas. Para los policías que trabajan casos de narcocriminalidad, sin embargo, su captura no significó luego el final de la actividad de la organización. Todo lo contrario.
Las escuchas telefónicas incorporadas al expediente llevaron a una nueva hipótesis: la estructura familiar había permanecido activa y su hija Janet habría asumido un papel relevante para sostener el circuito de aprovisionamiento. Se supo que la joven viajó a Bolivia y mantuvo contacto con una proveedora para coordinar nuevos envíos de cocaína hacia la Argentina.
Las comunicaciones también permitieron inferir que la organización buscaba incorporar mujeres bolivianas que trasladaran la droga mediante la modalidad conocida como “ingestadas”, ocultando cápsulas en el sistema digestivo para atravesar los controles fronterizos. Parte del cargamento tendría como destino San Juan y otra porción sería enviada al Valle de Uco para su comercialización en pequeñas cantidades.
Con esa información comenzó una etapa de vigilancia que terminó siendo decisiva. Detectaron que Janet se encontraba en Bolivia gracias a publicaciones realizadas en sus redes sociales, principalmente Instagram.
Viajeras del polvo blanco: la historia de las dos mujeres del tour de compras que escondía una ruta narco entre Bolivia y Mendoza
Una investigación minuciosa de la Policía contra el Narcotráfico de Mendoza (PCN) terminó con la detención de dos mujeres que habían montado una pantalla de “tour de compras” para traficar cocaína desde Bolivia hacia el Valle de Uco y San Juan.…
Esa pista permitió desplegar un operativo sobre los colectivos que regresaban desde el norte argentino. Finalmente, el 8 de octubre del año pasado, una comisión de la PCN interceptó un micro de larga distancia en San Juan y siguió discretamente a sus ocupantes hasta que las dos mujeres descendieron y abordaron un taxi. Allí los policías decidieron intervenir y cortarles el paso.
Las detenidas fueron Janet Mamaní, y la ciudadana boliviana Nelly Soto Mamaní, de 33. Aunque inicialmente no llevaban droga visible, Soto manifestó fuertes dolores abdominales y fue trasladada al Hospital Rawson.
Durante las siguientes horas expulsó 99 cápsulas que contenían un total de 1.149 gramos de cocaína, una maniobra que puso en riesgo su vida y confirmó la sospecha sobre la utilización de “mulas” para transportar la sustancia desde el país del norte argentino.
El procedimiento abrió una nueva etapa de la causa. La Justicia autorizó allanamientos en casas de Vista Flores y también en el pabellón donde permanecía alojado Timoteo Mamaní en el penal de Chimbas.
Aunque la requisa en la celda no arrojó resultados positivos, los investigadores sostuvieron la hipótesis de que parte de la cocaína podía estar destinada al complejo penitenciario sanjuanino para su comercialización intramuros y que la organización funcionaba como una red articulada entre Bolivia, San Juan y Mendoza.
En los domicilios vinculados a la familia se secuestró documentación considerada de interés para la causa y alrededor de 1,5 millones de pesos.
Mientras la pesquisa avanzaba sobre los presuntos organizadores, una de las integrantes del engranaje ya recibió condena. La Justicia federal homologó un acuerdo pleno mediante el cual Nelly Soto Mamaní fue sentenciada a dos años de prisión de ejecución condicional como partícipe secundaria del delito de transporte de estupefacientes.
La sentencia tras la “confesión” marcó una diferencia entre el rol de la mujer y el resto de los imputados. El juez Alberto Daniel Carelli entendió, sobre la base de las escuchas telefónicas, el análisis de su teléfono y los informes sociales incorporados en las fojas de la causa, que Soto se limitó a utilizar su cuerpo como medio de transporte de la cocaína, sin intervenir en la organización, planificación, logística ni comercialización de la droga.
También valoró que actuó en un contexto de vulnerabilidad económica y bajo las órdenes de la organización que continúa siendo investigada. Básicamente, la mujer, por unos pocos pesos, fue contratada para ingerir y traer la droga.
Ese fallo dejó en claro que la instrucción no estaba concluida. De hecho, el magistrado dispuso en sus argumentos que no correspondía ordenar el decomiso definitivo de la droga porque las actuaciones seguían respecto de los restantes coimputados.
Domiciliaria y prórroga de la instrucción
Por lo que pudo averiguar El Sol, la causa volvió a tomar impulso con la decisión judicial de extender por 78 días hábiles la investigación penal preparatoria y la prisión preventiva de Janet Mamaní y su padre. El acuerdo fue presentado conjuntamente por la fiscalía federal y la defensa, y fue considerado razonable por el juez interviniente para permitir que continúen las medidas probatorias pendientes hasta el 16 de setiembre.
Por lo que detallaron fuentes del caso, la joven accedió recientemente a la detención domiciliaria, luego de permanecer en situación de encierro en Salta.
