El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Credit: NA

En un despliegue diplomático de máxima urgencia, el vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, arribó este domingo a Suiza para liderar la primera ronda de negociaciones directas con altos funcionarios de la República Islámica de Irán. La cumbre ministerial, desarrollada bajo el amparo de la neutralidad helvética en el exclusivo complejo alpino de Bürgenstock —cerca del lago de Lucerna—, representa el intento institucional más robusto de los últimos meses para desactivar el conflicto bélico en Oriente Medio tras cuatro meses de hostilidades.

El funcionario estadounidense y su esposa, la segunda dama Usha Vance, aterrizaron en la base aérea de Emmen a las 6 de la mañana (hora local) en un contexto regional crítico, marcado por las operaciones militares en la frontera líbano-israelí y las amenazas navales en el golfo Pérsico.

Al pisar suelo europeo, el vicepresidente norteamericano dejó en claro los ejes prioritarios de la administración de Donald Trump para el encuentro de alto nivel:

“Espero que podamos avanzar en la cuestión nuclear y también en el alto el fuego en el Líbano”, declaró Vance a su llegada.

Un equipo técnico de confianza y la comitiva de Teherán

Para garantizar la viabilidad del cónclave, Washington envió previamente a un equipo técnico liderado por el enviado especial Steve Witkoff y por Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump y pieza clave en la arquitectura de los Acuerdos de Abraham durante el primer mandato del líder republicano. Su misión consistió en limar las asperezas de protocolo y seguridad antes de la apertura de las mesas de discusión.

Por el lado iraní, la delegación desembarcó en Suiza durante la tarde del sábado con un fuerte peso institucional. La comitiva de Teherán está encabezada por el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammed Bagher Ghalibaf, acompañado directamente por el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, lo que refleja el aval del régimen persa a los canales oficiales de diálogo.

El andamiaje de las conversaciones se sostiene sobre un memorando de entendimiento bilateral suscrito el pasado 17 de junio, el cual abre formalmente una tregua diplomática de 60 días orientada a consensuar un tratado definitivo de paz.

Mediadores internacionales en un escenario de máxima alerta

El rol de los anfitriones suizos es complementado por delegaciones de alto rango provenientes de Pakistán y Catar, actores clave por sus canales abiertos con Teherán. Entre las figuras internacionales destacadas se constató la presencia del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, y del jefe del Estado Mayor de ese país, el mariscal de campo Asim Munir.

La puesta en marcha de la cumbre estuvo al borde del colapso. Originalmente las sesiones debían comenzar el pasado viernes; sin embargo, la delegación iraní decidió suspender provisionalmente su participación tras una oleada de bombardeos en el sur del Líbano entre las fuerzas armadas de Israel y el grupo chiita Hezbollah.

A este foco de conflicto se sumó la advertencia de las fuerzas armadas de Irán de proceder con un eventual bloqueo del Estrecho de Ormuz —el paso estratégico por donde circula el 20% del petróleo global— en represalia por la ofensiva armada en Beirut. Ante este escenario, el Pentágono ratificó que mantendrá un despliegue operativo en la región para asegurar el libre tránsito marítimo, presionando de esta manera a las delegaciones que debaten a puertas cerradas en Bürgenstock.

Con información de Clarín y de Swiss Info