El Fondo Monetario Internacional proyectó que la inflación en Argentina podría perforar el umbral del 10% anual recién en 2028, aunque las consultoras privadas y el mercado local mantienen pronósticos más cautelosos sobre la velocidad del proceso de desinflación.

El escenario fue planteado tras la aprobación de la segunda revisión del acuerdo con el Gobierno argentino, donde el organismo encabezado por Kristalina Georgieva estimó un IPC anual de 7,5% para dentro de dos años, en el marco de una desaceleración gradual de los precios.

El staff report del FMI sostuvo que la inflación continuaría bajando durante el resto de 2026, aunque a un ritmo más moderado por el impacto de la suba internacional de la energía derivada del conflicto en Medio Oriente.

Luego del 2,6% registrado en abril, el organismo calculó que la inflación cerraría este año cerca del 25%, por debajo del 31,5% proyectado para 2025. El documento también advirtió que la acumulación de reservas y la recuperación de la demanda de pesos avanzaron más lento de lo esperado, afectadas por la incertidumbre política del año pasado.

En paralelo, el Fondo volvió a poner el foco sobre las estadísticas oficiales y reclamó actualizar las canastas utilizadas para medir el Índice de Precios al Consumidor. El planteo reavivó la polémica por la continuidad de la canasta de 2004 para elaborar el IPC, decisión que había precipitado la salida de Marco Lavagna del Indec a comienzos de 2026.

Los técnicos del organismo señalaron que la metodología vigente “quedó desactualizada y menos representativa de la canasta de consumo actual”, además de remarcar limitaciones en las cuentas nacionales por el uso de un año base obsoleto.

El informe también incluyó advertencias sobre la estrategia económica del Gobierno de Javier Milei. El FMI consideró que reducir la inflación demasiado rápido mediante un ancla cambiaria y dependencia de capitales financieros podría generar riesgos de inestabilidad macroeconómica.

Según el organismo, los programas exitosos de estabilización son aquellos que equilibran la desinflación con crecimiento económico, acumulación de reservas y sostenibilidad de la deuda. El análisis histórico citado en el reporte indicó que pasar de inflaciones de tres cifras a dos suele demandar poco tiempo, pero alcanzar un dígito anual requiere entre tres y siete años adicionales, dependiendo del grado de dolarización de cada economía.

Las proyecciones privadas, sin embargo, muestran un escenario más lento. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina prevé una inflación de 30,5% para 2026, 19,9% para 2027 y 13,3% para 2028, lejos de la estimación del FMI.

En la misma línea, el economista Iván Cachanosky sostuvo que la tendencia descendente se consolidaría en los próximos meses, aunque ubicó la inflación de 2026 cerca del 26%. Pese a la desaceleración observada en abril, Milei ratificó que el objetivo sigue siendo alcanzar inflación cero y recordó que otros procesos internacionales demandaron entre siete y doce años para estabilizar definitivamente los precios.