Trejo será acusado por una calificación que prevé perpetua.

Mientras la imputación por femicidio contra Gabriel Eduardo Trejo (38) entra en su tramo decisivo, la fiscalía concentra los esfuerzos en reconstruir con precisión quirúrgica las últimas horas del sospechoso y de la víctima. Este miércoles por la tarde, el fiscal Martín Scattareggi avanzaba con una medida considerada clave: la declaración de un joven que se encontraba con el acusado al momento de su captura.

Ese testimonio apareció como una pieza central para cerrar el recorrido de Trejo tras el crimen de Carla Magallanes (36), descubierto la tarde de este martes, y terminar de ensamblar el rompecabezas de la causa que impactó al Este provincial.

El investigador, que estaba de turno durante el fin de semana en el que se habría producido el femicidio, trabajaba sobre una hipótesis que se consolidó con el correr de las horas: el ataque ocurrió en medio de una discusión de pareja.

Testigos declararon haber escuchado una fuerte pelea en la casa de Montecaseros, en San Martín, donde días después fue hallado el cuerpo. Esa secuencia es, para la fiscalía y los efectivos de Investigaciones, el punto de partida de una reconstrucción que busca determinar con exactitud cuándo se produjo el crimen y qué ocurrió inmediatamente después.

Los elementos reunidos hasta este miércoles son contundentes. La víctima, de 36 años y madre de tres hijos, presentaba un profundo corte en el sector derecho del cuello, a la altura de la oreja, además de otras lesiones en distintas partes del cuerpo.

En la escena había sangre seca y los restos se encontraban en estado de descomposición por el tiempo transcurrido (más de 72 horas), tal como indicó el fiscal en jefe Oscar Sívori, lo que indicó que habían pasado varios días desde la muerte al momento del hallazgo. La posición semisentada en la que fue encontrada también forma parte del análisis de los peritos para establecer la mecánica del hecho.

El hombre de 38 años detenido y la víctima, que sufrió un puntazo letal.

Con ese cuadro probatorio, la imputación que se prepara contra Trejo es por femicidio, delito que contempla prisión perpetua como única pena. La acusación podría formalizarse durante este miércoles o, a más tardar, el jueves por la mañana, trascendió por fuentes del Ministerio Público.

Sin embargo, en paralelo, Scattareggi necesita cerrar los vacíos temporales: qué hizo el sospechoso desde el momento del ataque hasta su detención y si contó con ayuda o contactos durante la fuga.

Ese “paso a paso” de esas horas posteriores es el eje de la investigación para un paso formal del futuro, es decir, el pedido de prisión preventiva.

Según la teoría principal, Trejo habría utilizado un arma blanca para atacar a su pareja, luego cerró la puerta de la humilde propiedad que compartirían con alambres y se dio a la fuga sin ser visto.

El recorrido lo llevó hacia Rivadavia, donde tenía antecedentes de residencia y vínculos en distintos puntos: el barrio San Isidro, la zona de carril Centro y Lejio, la finca Cahan, calle Linier y el barrio Carrascosa.

Todos esos lugares fueron incorporados al mapa de búsqueda y motivaron medidas de vigilancia y rastrillaje por parte de los efectivos de Investigaciones, quienes rápidamente lograron ubicarlo tras el hallazgo de los restos.

En ese contexto se produjo la captura. Pasadas las 17, en calle Puebla, frente al barrio San José, en el distrito de Santa María de Oro, personal de la Unidad Investigativa de Rivadavia logró individualizarlo en la vía pública y detenerlo.

La identificación se apoyó no solo en la información recolectada durante la pesquisa, sino también en rasgos físicos distintivos que ya estaban en manos de los efectivos: tatuajes visibles como un sol en el antebrazo derecho, una serpiente con espada en el omóplato derecho y la inscripción “Gabi” junto a cinco puntos en los dedos de la mano izquierda.

El testimonio del amigo del sospechoso que se tomó este miércoles buscó, precisamente, iluminar ese tramo final de la fuga: con quién estuvo Trejo, qué hizo en las horas previas a ser capturado y si realizó algún movimiento que pueda ser relevante para la causa. Para el pesquisa del Ministerio Público, esa reconstrucción no solo permitirá reforzar la imputación, sino también anticiparse a posibles estrategias defensivas.

En paralelo, las pruebas materiales avanzaron en los laboratorios. Un cuchillo fue hallado en un descampado cercano al domicilio donde ocurrió el hecho de sangre y será sometido a peritajes para determinar si presenta restos de sangre de la víctima. Ese elemento podría transformarse en una evidencia central si se confirma su vinculación directa con el ataque.

A su vez, los estudios forenses sobre el cuerpo buscan establecer si la víctima tenía restos de piel del sospechoso debajo de las uñas, un indicio clave para confirmar que existió un intento de defensa. Ese dato, sumado a las lesiones y a los testimonios sobre la discusión previa, terminaría de consolidar la secuencia de una agresión directa en el marco de una pelea.

Para los detectives hay una certeza que atraviesa toda la causa: el crimen no fue un hecho aislado ni sorpresivo, sino el desenlace de una confrontación previa. La tarea es ordenar cada minuto de esas horas críticas, desde la discusión inicial hasta la fuga y posterior captura, para sostener una acusación de femicidio.

En ese camino, la figura de Trejo, quien nunca había estado en prisión pese a contar con antecedentes judiciales hace algunos años (terminó sobreseído), quedó en el centro de una reconstrucción del caso y al borde de la cárcel.