Tres sospechosos en la mira. El allanamiento de este lunes.

Casi todos los días, la caída del sol marca un límite invisible en el barrio La Gloria, en Godoy Cruz. A partir de ese momento, los pasillos entre las manzanas L, M y N se vacían y el movimiento cambia de manos. Vecinos describen un clima tenso y de miedo sostenido, con disparos aislados, robos al paso y una modalidad que se consolidó en los últimos meses: la usurpación violenta de viviendas.

Detrás de ese esquema aparecen al menos tres figuras que, según reconstrucciones policiales y testimonios recolectados por El Sol, controlan el territorio a partir de la venta de drogas, el uso de armas y la citada ocupación de los inmuebles con un solo fin: mantener el control territorial.

En la barriada los mencionan principalmente por sus alias: “Porteño”, “Chicho” y “Chancha”. Los tres están identificados. Los ubican como los encargados de coordinar los movimientos nocturnos, decidir quién entra y quién sale de determinados pasillos y sostener una red de casas tomadas que funciona como aguantaderos, puntos de venta y refugio tras hechos delictivos.

El trabajo policial durante la noche de este lunes.

La lógica es dinámica: una propiedad puede ser utilizada para fraccionar droga durante el día y convertirse en escondite después de un robo o un ataque armado. Por eso este lunes por la noche autoridades policiales decidieron desplegar un importante operativo en la zona. Este diario estuvo presente durante las medidas.

El clima era tenso. Los vecinos entraban y salían de sus casas. Los drones sobrevolaban el sector. El objetivo de los efectivos era uno solo: mostrarles a los habitantes que estaban al tanto de los hechos ocurridos en las últimas semanas. El resultado no fue el esperado. Un par de personas fueron llevadas a la Comisaría 52ª por averiguación de antecedentes y secuestraron algunas dosis de estupefacientes. Nada más.

La ministra de Seguridad, Mercedes Rus, estuvo presente en el lugar. También la cúpula de Investigaciones.

El avance de este grupo delictivo se refleja en un dato concreto: al menos seis propiedades fueron ocupadas en distintos sectores del barrio en los últimos tiempos, considerado uno de los más populares de la llamada triple frontera con Maipú y Luján.

Tres en la manzana L, dos en la manzana N -una de ellas tomada recientemente- y otra vinculada a su entorno.

En varios casos, los dueños abandonaron sus casas tras amenazas de muerte. Uno de esos episodios derivó en la salida de una familia completa hacia Buenos Aires, luego de ser expulsada a punta de pistola, describieron en charla con este diario.

En ese contexto, las propiedades dejaron de ser hogares para transformarse en piezas de una estructura criminal, siempre con estos personajes, algunos ligados familiarmente al reconocido homicida Omar Tanga Gómez, condenado a prisión perpetua por el asesinato de Matías Quiroga después de un asalto a la Bolsa de Comercio de Godoy Cruz en el 2012 y recientemente nombrado como uno de los organizadores de un intento de fuga masivo de la cárcel de Almafuerte.

El control territorial no se limita a la ocupación. Fuentes del caso señalaron que los tres sujetos cuentan con respaldo familiar y acceso a armas, lo que refuerza su capacidad de intimidación. “De noche no se puede pasar”, detallan en la barriada.

Los relatos coinciden en que los recorridos se vuelven imprevisibles y que cualquier cruce puede terminar en un robo u otro tipo de ataque. Hubo víctimas que directamente se fueron de la provincia ante la imposibilidad de sostener la vida cotidiana en ese entorno.

Las medidas de este lunes.

El operativo en el sector

Este lunes por la noche, ese escenario motivó el operativo de alto impacto. A partir de las 21, efectivos de Investigaciones, junto a Infantería y otras áreas, avanzaron sobre una de las viviendas usurpadas en la manzana N.

El despliegue incluyó drones para monitoreo aéreo y un importante número de uniformados que custodiaron el sector.

La casa allanada no fue elegida al azar. Días antes había quedado en el centro de la escena por un episodio que encendió las alarmas. El 29 de marzo, a las 13.45, un hombre de 37 años resultó herido de un disparo en el brazo izquierdo cuando caminaba por el pasillo que conecta las manzanas N y M.

La bala impactó a la altura del bíceps. El propio herido llegó por sus medios a la Comisaría 52, ubicada sobre calle Rawson, para pedir asistencia y luego fue atendido por personal sanitario. No quiso aportar datos ni radicar denuncia, pese a que los investigadores intentaron establecer si el ataque estaba vinculado a una disputa por una de las casas tomadas.

Ese silencio no es aislado. En el barrio, la falta de denuncias formales convive con un flujo constante de versiones sobre amenazas, armas y disputas entre clanes.

Días antes del ataque, el 27 de marzo, una familia fue expulsada de su hogar en la manzana N por hombres armados que irrumpieron y los obligaron a retirarse. Dos días después, el baleado era un allegado a ese grupo. Para los pesquisas, los hechos se inscriben en una misma lógica de control territorial.

El trasfondo incluye además enfrentamientos entre familias, que tuvieron un pico con el asesinato de un joven conocido como “Pimientito” hace pocas semanas y derivaron en nuevos episodios de violencia, detenciones y amenazas de venganza. Se trata de Maximiliano Garate, en el interior de la manzana L.

Ese entramado profundiza la tensión en una zona donde la disputa por el dominio de los pasillos y las casas se traduce en hechos concretos. Un hermano de esa víctima, Nahuel Garate, fue capturado la semana pasada luego de pelearse con los Gómez, justamente vinculados o relacionados con las usurpaciones. “Todo tiene que ver con todo”, repiten los pesquisas consultados.

El operativo de este lunes por la noche no desarticuló la estructura, pero sirvió para dejar un mensaje. Los tres sujetos están en la mira y lograron escapar. En la zona, la presencia policial volvió a hacerse visible después de semanas en las que los vecinos percibían lo contrario, tal como aseguraron.