Este miércoles a las 17.30 en la Feria del Libro (Aula 1 del espacio cultural Julio Le Parc) se presentará el libro de microficciones y cuentos cortos “La piel mía” (Glifo, 2025), opera prima de la mendocina Gabriela Araujo Mayorga. Los escritores Mariano Giampietri, Melina Marino y Jorge Aguiar acompañarán a la autora en la presentación. La entrada es libre y gratuita.

La piel es el órgano más grande, el que nos protege y nos conecta con los demás. En este libro cada personaje pone su piel, ya sea porque crece, porque conoce sensaciones nuevas, se agita cuando se enamora, se agrieta con los dolores de la vida“, afirma la escritora, quien también es profesora de Historia.

Acerca de la influencia de sus estudios de Historia en su obra, declara: “Algunas de estas ficciones, tienen personajes históricos y están ambientadas en Mendoza. La historia y la literatura me apasionan. Siguiendo al escritor mendocino Rolando Concatti: ‘Cuando se trata de historia y ficción no se debe subyugar ningún estilo al otro y antes de diluirlos es preferibles exasperarlos’, y esa idea es la que me moviliza para escribir lo que escribo”.

El libro busca rescatar la memoria de los olvidados. “Estoy convencida de que la trascendencia vence a la muerte, y este libro es mi humilde contribución para que quienes pasaron por esta tierra, quienes padecieron su momento histórico o hicieron posibles situaciones más justas, no queden destrozados por el olvido. Y como las mujeres suelen ser las más invisibilizadas por la historia, la mayoría de las protagonistas son mujeres”, dice Araujo Mayorga.

Convencida de que la literatura es un arte colaborativo, expresa: “Algo que me ha hecho muy feliz es que la tapa de La piel mía luce el talento de la artista Ale Luna, que hizo la acuarela inspirada en el libro”.

“Este libro no sería el que es sin los aportes de mis amigos y amigas escritores, que han compartido su talento literario generosamente y han corregido, sugerido y acompañado el nacimiento de cada texto. Leonardo Dolengiewich que es el autor del prólogo y Romina Barboza Astudillo que es la autora de la contratapa del libro. Y otros escritores, que me acompañarán durante la presentación y en el festival Brevedades el viernes 3 de octubre en el Le Parc”, finaliza la autora.

Comentario sobre la obra

Las historias de los nadies existen
Difuminando las fronteras entre personajes ficcionales e históricos, la realidad que Gaby pinta son las tensiones y conflictos de los paisajes sociales de las narraciones: en Malvinas y en las lagunas de Guanacache; en La Plata del siglo XIX y en una escuela del siglo XXI.
Los colores principales que esbozan el naturalismo radical de sus cuentos y microficciones son la empatía devastadora y la insolente justicia. ¿Es que acaso a la autora se le cuela la memoria poética de otros lujaninos con perspectivas similares, Leonardo Favio y Fernando Fader?
Esto lo decidirá la persona que lea y se predisponga cómplice de la mirada intimista de muchos de los relatos. Sí puedo asegurar que hay algo en común: comparten la creación de una atmósfera de gestos silenciosos. La singularidad de nuestra autora es la impronta de su brocha: benévola con las contradicciones humanas e implacable
con el cinismo abyecto de las asimetrías estructurales.
Gaby, en su ópera prima, pone sobre la mesa que la pasión y la ternura, lejos del revanchismo, ante diferentes y, a veces, múltiples opresiones, también son políticas.
Romina Andrea Barboza Astudillo
(escritora y doctora en Ciencias Sociales).

Algunos textos de “La piel mía”

El corazón de la Yaya (Fragmento)

Para entrar en la casa de la Yaya, había que abrir una puerta de rejas y atravesar el jardín. La hiedra cubría las paredes que daban a la calle y también las de la casa. En invierno, aquel jardín era un refugio verde, aun bajo la escarcha. En el centro, sobre un círculo de tierra marcado con piedras de diferentes tamaños, se encendía el fogón. En las noches de verano, el pasto invitaba a quedarse hasta muy tarde tomando mate y el fogón se encendía igual porque allí se quemaban las penas y los miedos. Cuando empezaban a arder las tristezas, las chispas saltaban alto y encendían la risa de la Yaya. Fue con algunas de las piedras de aquel círculo que la Yaya se sacó de encima al marido: mujeriego y mano suelta para las bofetadas. La primera piedra le dio en los testículos; la segunda, en la cabeza. Doblado, él salió por la puerta. Ella cambió la cerradura.

Las lágrimas de Romana Luna

Las campanas doblan y la tropa de tur no hace salvas como si el muerto fuera un bravo militar o uno de esos hombres por el que suelen llorar las Naciones. Jorge A. Calle

Llora desconsolada Romana Luna. Su rostro de dieciocho años muestra muecas amargas de desconsuelo. No quería llorar. Romana sabía que, cuando la primera lágrima cayera, las demás no tendrían contención. Pero ante este dolor nuevo, inconmensurable, no ha podido frenarlas.     

Aparecieron entonces las lágrimas negras. Las que no alcanzó a llorar por su padre. No tuvo tiempo. Un soldado llegó a su rancho, en la Rioja, y le dio las dos noticias: su padre estaba muerto y el general Aldao la reclamaba para él.

Después vinieron las lágrimas rojas de ira, las que no salieron durante los tres días y las tres noches en que fue solo carne y piel, bajo el cuerpo áspero del caudillo.

Le siguieron las lágrimas oxidadas de humillación, las de los desprecios de las otras mujeres, sobre todo de Dolores Gómez, la segunda mujer de Aldao, que lo adoraba y no estaba dispuesta a compartir dócilmente el techo de sus hijos con Romana.

Pero las lágrimas incontenibles y rebeldes que desataron a las otras, son blancas y saben a leche. Llora Romana Luna mientras los doctores hipócritas, se disputan los honores por llevar el féretro en la calle principal de Mendoza. Llora con las salvas que suenan en la plaza para honrar al gobernador por la muerte del pequeño José Félix Aldao. Llora porque le duelen los pechos cargados y el aliento asfixiado para siempre de su hijito de siete meses. Mientras llora con desconsuelo, sus ojos nublados no ven que la muerte no se ha dado por vencida y, sigilosamente, ha comenzado a escarbar entre las células de Aldao.

Atrapante

Como cada noche, se lava los dientes y se cepilla el cabello; luego se saca las pantuflas, se acuesta y abre el libro. Lee desde donde dejó la noche anterior. Recorre con precisión la habitación oscura, las camas como cajones apilados y sin colchones. Puede sentir el olor penetrante del hacinamiento, la oscuridad del encierro, el cansancio del trabajo hasta el extremo, el dolor del hambre que atraviesa el cuerpo. Inútilmente intenta pasar de página. Otra vez la comezón. Con las manos huesudas y descarnadas, se rasca la cabeza rapada y la barriga hundida debajo del áspero traje a rayas.

Para agendar

Presentación de “La piel mía”, de Gabriela Araujo Mayorga

Fecha: miércoles 1 de octubre.

Hora: a las 17.30.

Lugar: en la Feria del Libro (Aula 1, espacio cultural Julio Le Parc- Guaymallén)

Entrada libre y gratuita.