En general la política del país siempre está a punto de definir algo extraordinario, a las puertas de una definición trascendente, de un cambio de rumbo y de ritmo abrupto. De ocuparse de los temas de fondo, aún con diferencias entre quienes le dan vida, ni hablar. Eso quedará para otras generaciones, porque para la actual, con eso de la grieta y las modas disruptivas que la dominan, que no le vengan con la cantinela esa de buscar acuerdos y puntos en común. Eso es debilidad, qué duda hay. No vaya a ser que alguien malentienda las cosas y crea que uno se rindió y está por el piso.
Si se votará en forma conjunta o no con la nación; si habrá PASO provincial o no; si el oficialismo mendocino sellará un pacto con La Libertad Avanza de Javier Milei, o no; si el peronismo provincial logrará la unidad que dice buscar entre la corriente de los intendentes no kirchneristas y no camporistas que lo preside, con el sector K y camporista que nunca consiguió, bajo su control, que el PJ volviera a hacer pie; si el mismo peronismo, el que intenta dar señales de ir tras una reorganización competitiva para el 2027, seguirá adosado a lo extraño o si en cambio se liberará para el momento de las urnas de los caprichosos e inconducentes humores del escenario nacional que colonizó el kirchnerismo, son sólo algunos de los muchos interrogantes que en las próximas semanas tendrían que quedar dilucidados por esa política, en este caso la mendocina, a punto de entrar en ebullición siempre, aún si hacerlo.
Alfredo Cornejo esperaba contar con los resultados de una medición provincial de opinión y humor electoral para comenzar a definir sus pasos como estrategia clave para sostener el poder y los del cronograma electoral de la provincia. Esos datos ya están en su conocimiento, y protegidos con la confidencialidad habitual. Pero por lo que se sabe de ellos, Cornejo habría ratificado el liderazgo propio y de su gobierno en el gusto electoral de los mendocinos, aunque con cierta baja visible producto de varios factores: desgaste natural, por un lado. Y por otro una insatisfacción generalizada en aumento provocada por la vuelta de ciertos niveles críticos de la inseguridad, más la impaciencia por la demora en los resultados económicos que aparecen en la macro, pero en este caso demandados en el nivel de los ciudadanos, en el de la economía de todos que es donde se concentra el poder electoral.
Lo propio ha sucedido con el apoyo de los mendocinos por Javier Milei: arriba en la preferencia general, cómodo, pero en baja respecto de lo que midió todo el año pasado. Si fueran juntos en un acuerdo electoral que abarcase tanto el ámbito nacional de los diputados al Congreso, como el provincial de los diputados y senadores de la Legislatura, los candidatos del oficialismo de Cornejo con los de Milei podrían flotar –como el dólar entre bandas–, entre los 40 y 50 puntos de preferencia. De ahí la sugerencia que se hacen todos en el oficialismo de alcanzar un pacto con Milei y compañía.
Cornejo, que suele analizar todos los escenarios posibles, observa –o al menos eso se desprende de los trabajos de campo–, que sin acuerdo con los libertarios igual alcanzaría una victoria aceptable superando los 30 puntos o en ese orden. Pero como todo, los factores que garantizan un triunfo electoral son múltiples, dependiendo del momento de la elección, de la nacionalización o provincialización de la misma, del humor social en ese preciso instante y de los candidatos. Al gobernador se le acerca la hora de esa definición crucial dentro del contexto coyuntural que se vive. No hay que descartar que para el 1 de mayo, el día que tiene que inaugurar las sesiones ordinarias de la Legislatura, dé alguna pista de todo esto en su esperado discurso.
El peronismo espera. ¿Y qué espera el movimiento que supo gobernar la provincia en cinco oportunidades como lo han hecho los radicales y sus socios desde 1983 a esta parte? Que Cornejo fije el cronograma y si habrá o no PASO provinciales, para avanzar en concreto con la definición de los candidatos. Los intendentes que gobiernan en su nombre (Omar Félix de San Rafael, Emir Andraos de Tunuyán, Celso Jaque de Malargüe, Matías Stevanato de Maipú, Edgardo González de Lavalle, Fernando Ubieta de La Paz y Flor Destéfanis de Santa Rosa) en la reunión que mantuvieron el lunes 14 comenzaron a definir y priorizar los objetivos que tienen para estas elecciones. También trascendió que en el encuentro habrían coincidido en apoyar y pedirle a Emir Félix, el presidente del partido, que acepte convertirse en el candidato a diputado nacional de la fuerza. El condicional responde a que las versiones son divergentes, porque cuando se hizo público el supuesto pedido a Emir Félix, el propio mencionado se encargó de desmentirlo. “De ninguna manera pasó eso, ni tampoco me lo pidieron. Lo chequee con mi hermano”, aseguró al autor de estas líneas.
Félix –que sí reconoce tener la misión de perseguir la unificación del peronismo evitando más divisiones y que “quienes se fueron regresen”, según dice–, sabe en la intimidad que hasta que el peronismo no logre reconciliarse con Mendoza, hablando en verdad de temas de Mendoza y ahuyentando esa idea de estar viviendo una realidad ajena a la provincial al seguir a pie juntillas los lineamientos del kirchnerismo y camporismo bonaerense, no podrá convertirse en alternativa cierta y concreta a Cambia Mendoza o en lo que se convierta el actual oficialismo.
“Nosotros vamos por más peronismo para que se diluya el kirchnerismo; no podemos prescindir de nadie, necesitamos todos adentro”, dice Félix cuando se lo consulta sobre lo que tiene por delante y el peso en la espalda que le ha dejado al otrora exitoso peronismo mendocino el haberse entregado a los K sin concesiones. El sanrafaelino, hermano del actual intendente, dice mirar hacia el 2027 y afirma no tenerle miedo a una campaña en donde el oficialismo tendrá como abanderado al propio Cornejo; un Cornejo, hay que repetir, se concentrará en acusarlos de ser siempre lo mismo si no logran despojarse de los vestigios de la Cámpora en sus filas: “Él está cayendo en la consideración popular y más que obligarnos a explicar nosotros, el tendrá que aclarar cómo de apoyar a Macri hoy apoya a Milei”, suele comentar.
Y junto a todo eso, Félix sí concede que le ha hecho llegar a los intendentes que apoyen su idea de ir a una interna abierta para definir el candidato a diputado nacional para el cual aparece como un número puesto. “Todo lo que quieran, pero nuestro principal objetivo debe ser mantener de mínima la representación que tenemos en la Legislatura”, dice Félix, intentando cerrar y bloquear mayores especulaciones alrededor de su nombre y la estrategia electoral aún no definida para lo que, como comenta, se convierta en el reencuentro con los mendocinos de los que se alejaron durante tantos años de camporismo. A propósito, algo curioso ha ocurrido con la identificación del sector identificado con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. Al menos en Mendoza han dejado trascender que prefieren que les digan K o kirchneristas a secas. Lo de La Cámpora o el camporismo, entienden, los aleja mucho más del paladar local.
Como tantas veces, se acerca el momento de la toma de decisiones fuertes en el oficialismo y la oposición. Se trata de cuestiones serias, como sus estrategias frente a la elección que se avecina y cómo enfrentarán un examen que les marcará qué piensa el ciudadano de ellos hoy y la proyección hacia el 2027. No es poca cosa y equivocarse puede salir muy caro.
