Magdalena Espósito Valenti (25) y Abigail Páez (28), condenadas a prisión perpetua por el homicidio de Lucio Dupuy, el niño de 5 años asesinado a golpes en Santa Rosa (La Pampa) el 26 de noviembre de 2021, fueron separadas de su lugar de detención.

“Se les acabó la luna de miel a las asesinas de Lucio Dupuy. Ahora ya están separadas, en dos cárceles en provincias distintas, y pasarán hasta el último día de sus vidas encerradas y sin verse”, destacó la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en su cuenta de la red social X. La medida fue solicitada por la familia paterna del nene asesinado, que veía como un “beneficio” que las dos asesinas compartan el penal.

Espósito Valenti, la madre biológica de Lucio, fue enviada al Complejo Penitenciario Federal N°6 de Mendoza mientras que Páez se quedó en la cárcel de San Luis, donde estaban juntas. El traslado se produjo durante la madrugada del miércoles.

La decisión se tomó una semana después de que Bullrich recibiera en la sede del Ministerio de Seguridad de la Nación a Ramón Dupuy y Leticia Hidalgo, abuelo y tía de Lucio, respectivamente, quienes pidieron expresamente que separaran a las dos mujeres, quienes estaban alojadas en la misma celda.

Durante el juicio se demostró que la pareja veía a Lucio como “un obstáculo” para que puedan estar juntas. Al estar en el mismo lugar de detención, la familia Dupuy consideraba que no se trataba de una pena, sino de un privilegio, ya que habían logrado su cometido.

Espósito Valenti había pedido su traslado al penal de Santa Rosa, para estar más cerca de su familia, pero el SPF respondió que por su perfil criminal, la Unidad 13 de La Pampa no era una cárcel adecuada.

Por eso fue enviada a la cárcel federal de Cacheuta, donde es monitoreada a través de cámaras de seguridad para evitar que se autolesione o que provoque heridas a otras reclusas. “Está vigilada las 24 horas del día”, sostuvieron fuentes del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

El crimen de Lucio

Lucio Dupuy fue asesinado el 26 de noviembre de 2021 en la casa donde vivía con su madre y Páez en la calle Allan Kardec al 2300 de Santa Rosa.

Los resultados de la autopsia revelaron que el menor murió por “múltiples golpes” y presentaba marcas de mordeduras y quemaduras de cigarrillo previas al hecho. También se comprobó que tenía signos de haber sido abusado sexualmente.

De acuerdo con los peritos, la causa de la muerte fue un edema cerebral como consecuencia de politraumatismos.

Según determinó el tribunal, las dos mujeres participaron de la golpiza mortal y el nene recibió puñetazos, patadas y palazos, además de un pisotón en la espalda por parte de Páez (que se pudo determinar por la marca que dejó su zapatilla), el cual le provocó lesiones internas.

La Justicia pudo establecer que a las 17.32 de ese día Lucio fue visto sano y salvo por última vez, y que entre esa hora y las 19.40, cuando ambas imputadas salieron solas del departamento, el niño fue golpeado brutalmente.

Páez llevó en moto a su novia al restaurante de un hotel de la capital pampeana donde trabajaba como moza y volvió sola a las 20.49, cuando intentó reanimar al niño y lo metió bajó la ducha.

A las 21.30, Páez salió con Lucio en brazos hacia el centro asistencial del barrio Río Atuel, cerca del departamento, pero estaba cerrado. El niño fue asistido por vecinos y finalmente lo trasladaron al Hospital Evita, donde a las 21.45 se constató que ya había muerto.

En febrero del año pasado, el Tribunal de Audiencias de Santa Rosa condenó a ambas mujeres a prisión perpetua. Páez fue hallada culpable de homicidio doblemente calificado por alevosía y ensañamiento, en concurso real con el delito de abuso sexual con acceso carnal por vía anal, ejecutado con un objeto fálico, agravado por tratarse de la guardadora y por haberse cometido contra un menor de 18 años, aprovechando la situación de convivencia preexistente.

Mientras que Espósito Valenti fue condenada por homicidio triplemente calificado por el vínculo, alevosía y ensañamiento, aunque en esa primera instancia fue absuelta del abuso sexual que había sufrido su hijo.