Organizaciones sociales, políticas y sindicales de izquierda marcharon este sábado por la tarde desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo en contra de "Milei, su ajuste y el negacionismo". Foto: Télam.

Parece un chiste, pero cuando los militantes de Javier Milei cantan “la casta tiene miedo”, algo de eso hay. Y hay una manifestación clara de quiénes son los que están incómodos desde el mismo momento en que el líder de La Libertad Avanza ganó el balotaje.

No les preocupa ni la desocupación, ni la pobreza, ni la inflación, ni los derechos humanos. De hecho, durante los últimos años, el silencio fue una seña de complicidad o de conveniencia. Maquillan sus protestas o sus temores bajo esas banderas, pero no es más que maquillaje. En realidad, están aterrorizados de perder sus privilegios y, sobre todo, sus negocios millonarios a costa de los pobres.

Para ellos, mientras más gente necesite de ayuda del Estado, mejor. Saben que detrás de cada necesidad, está la oportunidad de ganar dinero como intermediarios en la gestión de planes sociales y en el crecimiento de la estructura clientelar. Es una manera de generar una relación en la cual los pobres pasan a ser esclavos. Y los que dicen luchar por ellos, sólo buscan perpetuar esa situación para mantener una posición dominante. En ese sector se pueden ubicar las organizaciones sociales, los sindicatos y los partidos de izquierda.

Por eso reaccionan, incluso, antes de que la nueva gestión asuma. Por eso están alerta. Porque saben que, cualquier mejora social implica una pérdida de poder para ellos. Y temen que aquellos que están bajo su yugo se den cuenta.