Finalmente, unas veinte economías regionales ya no pagarán retenciones cada vez que comercialicen sus productos al exterior, entre ellas, la vitivinicultura. Se trata de un largo reclamo del sector industrial de Mendoza que sólo tomó cuerpo por una coyuntura política: la necesidad del oficialismo de mejorar su imagen hacia las elecciones presidenciales de octubre.
Como sea, los vinos mendocinos no pagarán el impuesto.
Es, al menos, un aliciente en una economía nacional que ha perdido el norte porque no tiene un precio de referencia y que vive en la zozobra. ¿Se terminan acá los problemas para las bodegas locales? Qué más quisieran los empresarios, pero no, la diferencia con el tipo de cambio sigue siendo un inconveniente, porque muchos elementos que se requieren para que un vino se sirva en una copa se valúan a nivel dólar. En suma, llegamos al centro de este laberinto.
Las empresas, grandes, medianas y pequeñas necesitan un plan que otorgue certezas en este mar picado entre la inflación y una moneda extranjera que juega en contra.
