En medio de la campaña electoral, los candidatos más alejados de la posibilidad de llegar al Gobierno suelen realizar promesas grandilocuentes. En líneas generales, endulzan los oídos con aquello que un sector del electorado quiere escuchar. En Mendoza, uno de esos tópicos para medir mejor y alimentar las expectativas es el ítem aula.

La decisión fue resistida por el gremio docente, pero, con todo, fue debatida y aprobada en la Legislatura provincial.

Antipática como pocas, permitió ordenar un estamento del sector público y garantizar, antes que nada, el cumplimiento de los días de clase prefijados. Los cambios que pueden proponerse deben propender a mejorar el sistema educativo. La medida tal vez pueda perfeccionarse o corregirse, pero cualquier otra discusión para una tribuna hambrienta de novedades obsoletas no tiene en cuenta la cantidad de días perdidos durante la pandemia, un daño que todavía cuesta dimensionar.