El Gordo Javi, detenido este domingo en la escuela ubicada en calle Uruguay de San José.

La instrucción por el crimen del prestamista Matías Miralles (33) presenta desde hace meses una serie de acontecimientos de deudas de dinero y broncas acumuladas que terminaron trágicamente de acuerdo con las pruebas –principalmente testimoniales- que se incorporaron en el expediente que lidera el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello desde ocurrido el hecho, durante la siesta del 9 de junio del año pasado.

Esta semana el caso presentó novedades de importancia con la detención de tres hombres que habrían sido los autores intelectuales del homicidio de Miralles (cada uno con un rol específico), motivado por una deuda de 40 mil dólares de uno de ellos con la víctima.

Se trata del comerciante y dueño de un corralón en Godoy Cruz, Guillermo Sosa González, quien sería la persona que le debía el dinero al prestamista, y los cueveros de la Galería Tonsa Jorge Ballena Herrera y Cristian Javier Ideme, conocido como el Gordo Javi y señalado como quien habría utilizado sus recursos para ejecutar el plan.

La hipótesis señala que Ideme habría puesto a disposición, luego de pactar con Sosa -su amigo-, un kilo de “merca” y dinero en efectivo para que tres sicarios que se movían en una facción de la barra de Huracán Las Heras asesinaran a Miralles. Lo habrían hecho cansados de unas amenazas que le hizo Miralles a Sosa porque no le pagaba el dinero adeudado.

Tal como reveló El Sol este miércoles, un día después de las capturas de Herrera y Sosa, el Gordo Javi Ideme fue entregado a la autoridad del Ministerio Público por su abogado, Pablo Cazabán,  para responder sobre las graves acusaciones.

Pirrello lo imputó y ordenó que pase a la cárcel inmediatamente. Pero antes de esta diligencia, el sospechoso, de 42 años,y con domicilio en San José, Guaymallén, decidió declarar para despegarse de cualquier tipo de relación con el homicidio.

“Me presento en forma voluntaria porque no tengo nada que ver, me presento por eso. Sabía de la muerte (de Miralles) por comentarios y por el medio en el que nos movemos (cambista), todos trabajamos en el centro; y nada, a partir de ese momento, en que enteré que habían dichos y que posiblemente había sido hablé con mi abogado y le dije que me pusiera a disposición ante cualquier situación”, dijo en sus primeras palabras Ideme.

Acto seguido, dijo que conocía a Guillermo Sosa y que “somos amigos hace bastante tiempo, desde el año 2012 aproximadamente”. También reconoció que el comerciante mantenía una deuda económica con Miralles: “Sí, sabía de la deuda. Incluso, le dije a Guillermo que lo denunciara porque prácticamente lo estaba extorsionando, incluso, le consultamos a Cazabán sobre el tema y él le dijo que si tenía los mensajes y todo, los hiciera certificar con un escribano para poder hacer la denuncia correspondiente”.

La hipótesis del fiscal Pirrello y los efectivos de la División Homicidios Investigaciones señala que la Sosa llevaba más de 4 años sin saldar la deuda con el prestamista. Al parecer, los intereses corrían mes a mes y nunca terminaba de saldarla. Dos testigos confirmaron en eso en el expediente: el padre de la víctima y quien era su pareja al momento del hecho de sangre.

Es más, la mujer dijo que Miralles le había enviado un mensaje cuatro días antes del ataque asegurándole que iba a secuestrar al padre de Sosa o a otro familiar si no cancelaban lo que le debía.  

Para los detectives, la hipótesis sostiene que Sosa le pidió ayuda al Gordo Javi para terminar con los aprietes de Miralles por la millonaria deuda y así se relacionaron todos los protagonistas del caso: uno de los primeros detenidos de la causa, identificado como Lucas Segovia, es señalado como quien entregó el arma calibre 9 milímetros al autor material del asesinato, un menor de 16 años apodado Chongo.

A su vez, Segovia es hijastro de Jorge Ballena Herrera, el cuevero que trabajaba para Ideme en la Galería Tonsa. Un testigo de identidad reservada declaró que escuchó y vio cómo estos dos jóvenes, más un tercero identificado como Pablo Herrera, se juntaron en los pasillos de la manzana D del barrio Amigorena de Las Heras y organizaron el ataque horas antes de que se llevara a cabo.

Matías Miralles.

Ideme señaló ante el fiscal que Sosa estaba atemorizado por las amenazas o exigencias de parte de Miralles, las que se habían intensificado los días previos al asesinato, al 9 de junio del año pasado, cuando su pareja le había solicitado mudarse a otro lado.

“Sí, se estaba volviendo prácticamente loco (Miralles), lo hostigaba por teléfono (a Sosa), iba al negocio y a su casa, lo amenazaba con que si no le pagaba lo que él le pedía iba a tener problemas algún familiar de él, su padre, o su hijo, estaba pesado el asunto. Le decía que le iba a pasar algo al padre o a la hija, permanentemente. Eso me llevó a consultar a Cazabán para que él nos dijera lo que teníamos que hacer”, expresó el Gordo Javi.

¿El señor Sosa en algún momento le solicitó a usted que buscara un sicario o alguna persona que le diera muerte al señor Miralles?”, preguntaron desde la Fiscalía. La respuesta del imputado fue contundente: “En ningún momento”.

El detenido reconoció en una parte de la declaración que conocía a Herrera -tal como sostiene la hipótesis del fiscal Pirrello- y dijo que “él me colaboraba en el negocio y con una propiedad que teníamos en refacción, conseguir materiales y todo eso, él sabía dónde estaban las cosas más baratas para la construcción”. También negó haberle pedido a Herrera que buscara a una persona para que mataran a Miralles y resolver así la deuda que mantenía Sosa.

En la declaración a la que accedió este diario, el acusado también sostuvo que no conocía a los tres primeros detenidos de la causa, Segovia, Herrera y el Chongo. “No, a ellos ninguno, si bien de nombre al pibe Lucas, porque es hijo del Ballena (hijastro, de acuerdo con fuentes judiciales), pero porque lo mencionó como yo le menciono a mi hijo y a mi hermano, pero no tengo trato personal”.

El sexto apresado de la causa aseguró en la indagatoria que Miralles era una persona conflictiva y que tenía problemas con muchas personas, dando a entender que el homicidio podría tener otro móvil distinto al que siguen los pesquisas.

“De que tenga problemas con la gente era un secreto a voces, tenía problemas con todos lados. Desde peleas en boliches hasta problemas por mujeres y demás, era una persona agresiva. Sin ir más lejos, estuvo dos veces detenido por violencia de género. Es más, unos días antes de fallecer había tenido problemas en un boliche con unas personas, no sé quiénes son pero estaba el comentario fuerte. Era el comentario de todo el mundo, ahí en el centro pasa algo y se entera todo el mundo”, aseguró.

Uno de los tramos más destacados de la declaración se produjo cuando Ideme habló sobre la teoría del fiscal Pirrello, que ubica a Sosa como uno de los ideólogos del crimen del joven prestamista. ¿Ud. vinculó la muerte de Miralles con las exigencias que éste le hacía a Sosa?, interrogaron los investigadores, a lo que el imputado respondió: “No, en ningún momento, porque la vez que lo comentamos con Guillermo la salida fue hablarlo con Cazabán para que buscara una salida legal, eso fue previo a la muerte, después de la muerte nunca se me cruzó por la cabeza…“Guille (Sosa) es una persona buena, de carácter apacible, tranquilo, típico bonachón, no tiene maldad, en ningún momento lo creo capaz de que pueda llegar a hacer algo así”.

El guaymallino contó que conocía a Miralles desde que eran chicos, de la infancia, en San José. Y que no tenía deudas con él al momento del crimen. Aclaró que sabía verlo en la Galería Tonsa. También dijo que conocía a su pareja, una de las testigos más importantes de la causa. La mujer y el padre de la víctima, Oscar Sergio Miralles (se encuentra preso por otro hecho), declararon en la causa y potenciaron las sospechas de los sabuesos policiales y judiciales.

Ideme fue acusado por una calificación que prevé prisión perpetua, al igual que el resto de los detenidos y pasó a la cárcel. La fiscalía esperará unos días y luego solicitará audiencia para solicitar la preventiva en su contra. Para la defensa, no existen pruebas que lo vinculen con el hecho. Es más, sostiene que la acusación está basada sólo en los dichos del padre y la novia de Miralles. Debido a esto, espera que un juez sea quien analice toda la prueba y resuelva en definitiva la situación procesal.

La escena del crimen, la tarde del 9 de junio del año pasado.

Sin reacción

El 9 de junio del año pasado, Matías Miralles se encontraba en su departamento ubicado en un complejo de calle Montecaseros 2850 de la Cuarta Sección, cuando llamaron a la puerta a las 15. Eran dos jóvenes y uno de ellos llevaba una caja de la empresa Pedidos Ya. La idea era pasar desapercibidos frente a posibles testigos de los otros inmuebles del lugar.  

Miralles se asomó por la ventana y le dispararon cinco veces con una 9 milímetros. Los plomos impactaron en su cuerpo y terminaron con su vida en cuestión de minutos. Los autores, que se movilizaban en una moto de baja cilindrada, escaparon a toda velocidad. Testigos llamaron al 911 y rápidamente policías llegaron a la escena.

Científica levantó las vainas servidas y un peritaje realizado meses después fue revelador: habían sido disparadas por un arma utilizada en otros dos hechos, un asesinato y un tiroteo que casi terminó en tragedia en las adyacencias a la cancha de Huracán Las Heras, lo que evidenció que el arma venía pasando de mano en mano.

Se trató del crimen de Tomás Ignacio Patón, ocurrido el 10 de abril del 2021 en el barrio 20 de Julio –en ese hecho, estuvo involucrado Lucas Segovia- y la balacera del 31 de octubre de ese año, cuando barras se cruzaron cerca del estadio General San Martín y uno de los proyectiles ingresó a la cancha y rozó la axila del técnico del club Ferrocarril Oeste de General Pico, Mauricio Romero.