¿Es posible reinsertar a las personas que se encuentran privadas de la libertad? La respuesta no es sencilla. Para muchos resulta un tema complejo, para otros existen alternativas que ayuden a que eso ocurra. Para Jimena Gallardo, presidenta de la Asociación Civil No Más Hambre, no hay nada mejor que mirar el vaso medio lleno.
Con esa convicción creó hace 16 años esta entidad reconocida a nivel nacional que busca ayudar a los más vulnerables de la sociedad, entre ellos, a los que están privados de su libertad. Su premisa no cambió a pesar de que hace 6 años uno de sus sobrinos fue asesinado y, luego de casi dos años de terapia, logró perdonar a los homicidas.
“No fue fácil ni se logra de un día para el otro, pero considero que todos merecemos una oportunidad”, justificó la mendocina que hace más de treinta años reside en Buenos Aires.
En busca de una nueva oportunidad
En los próximos días, Jimena junto a su equipo entregarán en la Unidad Penitenciaria de Cacheuta una serie de máquinas de coser que forman parte de uno de los programas con los que cuentan dentro de la asociación y que tiene como propósito lograr que los presos puedan reinsertarse en la sociedad a través del trabajo.
“La idea siempre es sumar. Hay muchas condenas firmes, gente que pasará muchos años de sus vidas encerrados en esos paredones y lo que intentamos es ver el vaso medio lleno y que con estas actividades puedan prepararse para una nueva oportunidad el día que les toque salir”, contó Jimena.
De esta manera, “No Más Hambre” les hace entrega no sólo de las maquinarias que son industriales y profesionales, sino que también les proveen hilos, tijeras, telas y todos los insumos necesarios para que las personas puedan avanzar en el proyecto.

“En Cacheuta hay un lindo equipo de chicos que se dedican a la costura y la idea es que lo hagan de manera profesional y que luego, todo lo realizado sea donado a diferentes hospitales, comedores y hasta sus propias familias”, comentó Gallardo.
Al ser consultada si es posible que estas personas logren una exitosa reinserción, Jimena fue contundente: “Estamos en un idilio de tratar de mejorarles la vida, más allá de los errores cometidos. Perdí a mi sobrino Ginés hace 6 años. Fue un homicidio y entendí que esa persona que lo mató no era culpable, sino que hubo un sistema que lo llevó a cometer el ilícito porque en este país está todo desmadrado. Muchos chicos no tienen la contención necesaria y viven en un mundo en el que delinquir es normal, pero aquellos que pierden la libertad y se enfrentan a condenas duras es necesario ayudarlos y hacerles entender que la equivocación sirva para no volver a cometer errores”.
“Apuesto a la reinserción porque soy cristiana y porque no soy nadie para juzgar al otro”, agregó.
Del dolor a la fortaleza
La vida de Jimena no fue fácil. Nació en el seno de una familia humilde, pero en la que primó el amor entre padres e hijos. Sin embargo, a los 14 años, motivada por el amor al handball, decidió emigrar hacia Buenos Aires, en busca de su sueño.
Esos años, lejos de ser los mejores de su vida, se convirtieron en una tortura. La joven vivió muchos años en la calle, fue abusada, explotada sexualmente y gracias a la ayuda de mucha gente pudo salir adelante.
“Si esas personas no me hubieran tendido una mano, tal vez mi historia era otra y seguro hubiera estado con una condena dentro de alguna cárcel. Pude transformar mi vida y hoy tengo una fundación que se decida a ayudar a los más vulnerables. Trabajamos con los penales de todo el país, con médicos de frontera, personas en situación de calle y no es fácil porque no todas las personas están preparadas para empatizar con el que más lo necesita”, dijo.
Sin dudas su vida cambió. Actualmente, está casada con el doctor Santiago Burastero con quien tiene tres hijos.
Con la Asociación han logrado varios objetivos, entre ellos se encuentra el Centro de Día de Asociación Civil No Más Hambre, ubicado en Las Heras, y destinado a personas con discapacidad.

Allí asisten 45 personas en dos turnos diarios a las que se les brinda desayuno, almuerzo y merienda; y donde podrán asistir a talleres de capacitación, formación y recreativos.
Además, por estos días está llevando adelante un operativo odontológico destinado a 600 personas residentes en El Borbollón, El Plumerillo y El Zapallar, de Las Heras.
“Los costos de los honorarios de los profesionales son pagados por el aporte de padrinos de la Asociación que permiten que niños y adultos puedan alcanzar un seguimiento bucal, algo que deberían hacer los políticos, con sus políticas públicas sanitarias, pero no ocurre”, sentenció.
