El INDEC carga con una pesada tarea, sustancial, pero a la vez con un peso extra. Tiene que darnos a los argentinos la foto de cómo estamos en más de un aspecto. Uno de estos es la evolución de los precios y lo que cuesta vivir en el país. Esa función tiene que apegarse lo más posible a la realidad, puesto que contar con estadísticas fidedignas nutre las políticas que se necesitan para resolver un problema. El peso extra es la credibilidad, que viene muy dañada desde la segunda gestión de Cristina Kirchner.
Ahora, sus autoridades amagaron con volver a resquebrajar el espíritu de esa institución, porque anunciaron que postergarían los datos de la inflación de abril para luego de las elecciones en 5 provincias. Un despropósito, en términos generales, un escándalo, en lo particular. Dado que no se puede tapar el sol con un dedo, la manipulación política de las fechas programadas para la publicación de las encuestas y estudios no nos hará olvidar del mayor problema que tenemos los argentinos hoy en día.
Por más que las fechas se posterguen, sigue estando ahí, en las góndolas, basta con el contraste entre una semana y otra y cómo impacta en los bolsillos. Finalmente, las autoridades recularon, pero el daño sobre la institución ya estaba hecho.
