Cientos de miles de franceses volvieron este jueves a las calles para repudiar la reforma de pensiones del Gobierno del presidente Emmanuel Macron, en la undécima gran jornada de protestas organizada por los sindicatos, que registró una leve disminución de la participación y algunos incidentes en París.
En la antesala de la decisión final del Consejo Constitucional -órgano de interpretación de la Carta Magna, que el próximo 14 de abril deberá validar o no la ley de reforma de la jubilación-, los sindicatos buscaban una nueva demostración de fuerza tras el fracaso de la reunión celebrada la víspera con la primera ministra, Élisabeth Borne.
En la capital, se dieron algunos incidentes, especialmente en el punto final de la manifestación, la Plaza de Italia, con enfrentamientos entre Policía y manifestantes.
Algunos grupos violentos atacaron también el restaurante La Rotonde en el bulevar de Montparnasse, un simbólico para Macron, porque allí celebró las primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, las primeras que ganó.
También hubo destrozos de mobiliario urbano y ataques a algunos negocios y sucursales bancarias, en muestra del creciente nivel de tensión de las movilizaciones.
Aunque pacíficas en general, se endurecieron especialmente a partir de la decisión del Gobierno de aprobar la reforma sin someterla al voto del Parlamento, el pasado 16 de marzo.
Las movilizaciones de este jueves se tradujeron también en huelgas en sectores como la educación y el transporte colectivo, si bien no tan intensas como en ocasiones precedentes.

En París, el tráfico del metro fue casi normal y el cercanías vio parcialmente disminuidas las frecuencias. En cuanto a los vuelos, aeropuertos como los de Marsella, Toulouse, Burdeos y Nantes recortarán un 20 % los trayectos programados, pero el parisino Orly, que sí se había visto bastante afectado en otras ocasiones, no tuvo que cancelar viajes.
Las dificultades por los paros prosiguen también en el sector de los carburantes, a pesar de las movilizaciones forzosas de trabajadores esta semana para paliar los problemas de abastecimiento, una situación que se espera que vaya mejorando en los próximos días.

El Gobierno recibió este jueves un revés judicial al respecto con la decisión de un tribunal de Ruán de suspender la obligación de reincorporación de varios trabajadores de la refinería del Gonfreville-L’Orcher, del grupo TotalEnergies, que estaban en huelga.
Sin haberse cumplido aún un año de las últimas presidenciales, esta crisis política se está traduciendo en una caída de popularidad de Macron, que si se enfrentara hoy en elecciones a la ultraderechista Marine Le Pen, perdería por un amplio margen, según las encuestas.
Un barómetro publicado este jueves por el diario Les Echos revela que solo un cuarto de los franceses dicen confiar en él.


