“Creo que el próximo gobernador de Mendoza tiene que tener una agenda de competencia provincial muy activa y una influencia a nivel nacional porque los instrumentos de política económica los tiene la Nación y son lo que más influyen en el devenir de Mendoza, sobre el empleo, sobre la inflación y demás. Si creo que hay que imprimirle una agenda activa”, dijo este jueves Alfredo Cornejo en declaraciones a LV10.
Y así como reconoció que el modelo en la provincia puede que esté agotado, para lo que se necesita un replanteo general de casi todo lo establecido, de la misma manera se pronunció sobre lo que viene en la nación porque, amplió: “Hemos caído en un deterioro y en una depresión económica que realmente nos empobrece a todos y por supuesto que dificulta mucho más las cosas a las personas con menos ingresos en materia económica o menos conectadas en materia de vínculos”.
No hay dudas de que la provincia requiere un cambio de orden y que en el próximo período de gobierno se afiance una administración que la dé vueltas como una media. Mejor dicho, que se anime a hacerlo pese a las supuestas adversidades y el resultado de algunas encuestas. Cornejo, que aún no decide si se medirá o no en la contienda electoral detrás del regreso a la conducción provincial, parece haberles advertido a quienes lo animan a volver que, si juega, y en caso de que alcance el objetivo, irá por los temas tabú y por la destrucción de algunos mitos, además.
El propio Omar de Marchi, posible rival de Cornejo o de quien defina el radicalismo dentro de la coalición si el deshoje de la margarita en el que está sumido le ordena al final a presentarse y buscar su chance por el PRO, tiene a todo un equipo trabajando desde el arranque de año con cuatro pilares fundamentales para reconstruir la provincia: un plan educativo especialmente; otro con el foco puesto en la infraestructura habitacional; otro explorando un cambio en la matriz económica y productiva y un cuarto para avanzar en la digitalización total de la provincia.
Los años que acumulan tanta decadencia, imponen un mandato para lo que viene. Ni siquiera una expresión de deseo de hacer otra cosa. Una obligación. Se entiende que todos lo saben y si no, muy probablemente las demandas que aflorarán durante la campaña electoral, ya por parte de la misma masa electoral que por lo que puedan expresar como oferta los frentes en pugna, pondrán a los candidatos o a quien sea en su lugar; en el de la estrictísima realidad.
La decadencia no es sólo económica, también se sabe. Mendoza ha comenzado a mostrar un cierto atraso y debilidad en el aspecto educativo, aspecto que por un tiempo la tuvo a la vanguardia en el oeste argentino. Todo lo que se viene haciendo desde la economía del conocimiento y en el área de las nuevas tecnologías va lento, aseguran quienes están siguiendo ese proceso de cerca. Para la generalización o masificación de sus beneficios, hay que seguir esperando un poco más.
Pero hay algo más inquietante: se trata de una falencia formativa que se está observando en profesionales de carreras tradicionales que hasta poco tiempo atrás no se tenía en cuenta. Ocurre con los contadores, por caso. Una empresa dedicada a llevar adelante auditorías a otras compañías que la contraten en todo el continente americano, radicada en Mendoza, está necesitando 300 contadores públicos de manera inmediata y no los consigue. ¿Será que no hay contadores en Mendoza, altamente capacitados y calificados? No, el tema es que esos contadores no saben inglés fluidamente como lo pretende el empleador, pese a que en el plan de estudios de Ciencias Económicas de la UNCuyo deben cursar ese idioma de manera obligatoria durante tres años.
La inseguridad que se extiende hacia las zonas rurales, es otro asunto de atención que ya afecta a ciertos inversores asentados en Mendoza desde un buen tiempo a esta parte y, desde ya, a los que puedan mirar a la provincia como un lugar de oportunidades. Días atrás se presentó Víctor Fera, el dueño de Maxiconsumo, en el despacho de Roberto Righi, el intendente de Lavalle. “No vengo a pedir nada, sino que me ayuden a detener el vandalismo y los robos de los que soy víctima”, resultó ser la síntesis de lo que planteó frente a una platea que lo escuchaba atenta, entre ellos el senador Gerardo Vaquer, colaborador de Righi y uno de los que está mostrando una férrea voluntad para sucederlo en la comuna. Luego del encuentro quedaron todos muy preocupados y hasta les corrió un frío helado por la espalda ante el sólo hecho de pensar que Fera decidiera dejar sus inversiones en el departamento, harto de los robos.
Lejos de eso, Fera ni siquiera ha planteado hacer las valijas y partir. Sólo les reclamó ayuda, algo así como un cinturón más de seguridad al que tiene en sus campos de Costa de Araujo. Según ha contado Fera, cada dos por tres le roban en los pozos de agua que tiene instalados, además de otros bienes de producción. Además de ser el dueño de Maxiconsumo, Fera controla Marolio y Molto. En Lavalle, el empresario posee 1.500 hectáreas cultivadas de tomate, además de verdeos y hasta campos de engorde para hacienda. Sólo en este departamento, la empresa de Fera da trabajo a 300 personas. “¿Qué haríamos si un día Don Fera levanta todo y se va?”, dicen hoy, espantados, en el gobierno lavallino, quienes a su vez observan un fenómeno que no es nuevo, pero que ha vuelto a aparecer: al ritmo en que se suman campañas de seguridad planificadas para la ciudad y los centros urbanos, las bandas delictivas buscan nuevos objetivos, y siempre encuentran terreno fértil en las afueras, en las áreas rurales.
Educación, seguridad, otro perfil económico y productivo para la provincia o al menos más amplio que el actual, cuando menos para empezar, configuran un grupo de demandas imposibles de subestimar, minimizar o ignorar. Los años de depresión constante y sus consecuencias recuerdan, a cada instante, la necesidad de frenar la tendencia de inmediato. Y esa realidad muestra que no somos, en verdad, lo que nos creemos que somos.
