La reciente gira por Estados Unidos, donde se reunió con la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y la titular del Tesoro, Janet Yellen, envalentonó al ministro de Economía, Sergio Massa.

Inmediatamente, el Gobierno nacional destacó que el funcionario cosechó apoyo político, logró anuncios de inversiones y el respaldo de organismos. Pero, más allá de la eficaz campaña marketing que lo envuelve, lo cierto es que el líder del Frente Renovador regresó al país con la fuerte advertencia de que el país deberá cumplir con los acuerdos firmados con el FMI cuando finalice el año. 

En tal sentido, este lunes el organismo multilateral anunciará la aprobación de las metas del segundo trimestre por parte de la Argentina, lo que significa un desembolso de 4.100 millones de dólares en octubre. Claro que antes el país deberá pagar en un vencimiento de 2.700 millones de dólares. De allí la preocupación y la desesperación para acumular reservas.

En busca de esa meta, se analizan nuevos experimentos que apuntan básicamente al denominado “dólar Qatar”, en referencia a la salida de divisas prevista por los gastos de los argentinos que viajarán para ver el Mundial de fútbol.

El “dólar Qatar” incluye todos los gastos de los argentinos en el exterior (compra de pasajes, alojamiento, alquiler de autos, entre otros). En julio, por el receso invernal, el Banco Central perdió 750 millones de dólares por este motivo. A fin de este año y principios del próximo, por el Mundial y las vacaciones de verano, ese monto podría multiplicarse.

El Gobierno está estudiando imponer restricciones al acceso de divisas, buscando mitigar el impacto de los consumos en el exterior. Si bien el equipo económico aún analiza los próximos pasos y todavía no logra un acuerdo, ya recibió una autorización clave: Cristina Kirchner dio el visto bueno para tomar decisiones que afecten al dólar tarjeta o turista.

Hoy este tipo de dólar, utilizado para realizar compras fuera del país y para pagar servicios que están dolarizados (Netflix o Spotify, por ejemplo), cotiza a $262,80. Para llegar a ese precio se toma el tipo de cambio minorista, más el 30% del impuesto PAIS y el 45% del anticipo de Ganancias.

“Estamos trabajando en medidas sobre el turismo en el exterior”, indicaron fuentes del equipo económico. Actualmente, se barajan alternativas para segmentar a quienes quedarán afectados por esa decisión, con el objetivo de excluir de alguna manera a los consumos más cercanos a la clase media, como los servicios de streaming.

Según trascendió se están analizando varias opciones. Una es aumentar la percepción a cuenta de los impuestos a las Ganancias y a los Bienes Personales, que ahora se encuentra en el 45% y podría llegar a 52%. Si bien este paso sólo demanda una resolución de la AFIP, sería más una especulación que una realidad.

Otra es llevar del 30% al 40% la alícuota sobre el impuesto PAIS, aunque una medida así requeriría la aprobación del Congreso, por lo que no está asegurada su aprobación.

También trascendió la alternativa de que todas las operaciones ligadas al turismo se cursen a través del Mercado Electrónico de Pagos (MEP), lo que significaría un desdoblamiento.

El dólar MEP cotiza a $289,66 y la transacción se puede concretar a través de una operación con una sociedad de bolsa o mediante el banco. Sin embargo, el riesgo de implementar esta medida es que se vuelva a disparar la brecha (hoy se acerca al 100%) ante la escasa oferta de dólares, lo que tiraría por la borda los esfuerzos que viene haciendo Massa para estabilizar el mercado cambiario.

Existe otra opción extrema que, además de tener altos costos políticos, también puede presionar sobre la brecha. Es la que contempla el cierre total de la venta de dólares para el pago de consumos con tarjeta en el exterior. De esta manera, quien deba cancelar el resumen, se tendrá que asegurar el billete por otro lado.

Lo concreto es que habrá novedades más cercanas y, en cualquier caso, es un hecho que el dólar tarjeta saldrá más caro y llegaría a los $ 290. El Gobierno ya tiene el argumento real para defender la antipática medida: dirá que es un reclamo unánime del sector productivo y que los empresarios aseguran que estaban en un estado de angustia por la falta de dólares.