Ignacio Ángel Céspedes tenía 18 años y el jueves pasado fue asesinado de un balazo en la cabeza en un descampado ubicado a pocos metros de su casa del departamento de San Martín.
A las pocas horas de hallado el cadáver -llevaba unas 12 horas tendido entre los matorrales-, un menor de 15 años se entregó como autor del crimen.
En compañía de su madre y el abogado Mario Battochia, el adolescente, apodado el Chucky, confesó que le disparó a la víctima de manera accidental mientras manipulaban un arma de fuego.
A pesar de esto, con el pasar de las horas esa versión que ofreció comenzó a despertar ciertas dudas entre los detectives del caso. Esto, principalmente, porque dos testigos que declararon en el expediente brindaron un relato que contradice totalmente su relato.
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Además, cuando el sospechoso les marcó un domicilio a los pesquisas, en donde aseguró que se encontraba el arma homicida, se practicó un allanamiento que resultó negativo. Si bien dieron con una tumbera, no se trataba de la pistola con la que se le dio muerte a Céspedes.
Con respecto a la relación entre víctima y victimario, de las averiguaciones surgió que desde hacía poco tiempo eran amigos y que por miedo no recurrió desde un principio a las autoridades, motivo por el que dejó abandonado el cuerpo de la víctima en el lugar del hecho, sostuvieron fuentes allegadas la instrucción.
Más allá de los primeros indicios y testimoniales que se fueron recolectando, la fiscal de Menores Griselda Digier aguarda por el resultado de una serie de medidas que se llevaron adelante en los últimos días, que le permitirán establecer con claridad si el relato del confeso autor condice o no con la realidad.
En tanto, debido a que, por su edad, el menor es inimputable, quedó a disposición de los Equipos Técnicos Interdisciplinarios (ETI) de la Zona Este.
Los especialistas de ese organismo comenzaron a analizar el entorno del adolescente y desarrollando encuestas ambientales para determinar si puede quedar al cuidado de su familia o si será alojado en algún hogar de menores de la provincia.
El hallazgo del cuerpo
Fue cerca de las 14.45, cuando un llamado a la línea de emergencias 911 alertó sobre la presencia de un joven tirado entre los yuyos de un descampado de ubicado hacia el oeste de calle Tropero Sosa, detrás del ex club de tiro El Pelícano.
Cuando policías se dirigieron hasta ese lugar, dieron con el cadáver de Céspedes, que se encontraba en posición decúbito lateral izquierdo y con el rostro bañado en sangre. Si bien a primera impresión parecía tener escoriaciones, luego se confirmó que la piel fue afectada porque llevaba varias horas al sol.

Lo cierto es que, con la llegada de los especialistas de la Policía Científica, se constató que presentaba una herida de arma de fuego con orificio de entrada por el costado derecho del cráneo y de salida por el sector izquierdo.
Por su parte, los sabuesos entrevistaron al joven que dio aviso telefónico sobre el hallazgo y sostuvo que conocía a la víctima. Agregó que la había visto algunas horas antes, ya que pasaba todos los días por esa zona para ir al trabajo.
En las primeras horas intervino en la causa el fiscal de San Martín-La Colonia Gustavo Jadur, pero cuando comenzaron a manejar la versión de que un menor había sido el autor y que se iba a entregar, la causa pasó a la órbita de Menores.
