En el pequeño pueblo Guanaguana, en el estado de Monagas, en Venezuela, la pareja compuesta por Elio José Salazar y Raisy Viñoles recibían la presencia del recién nacido Elio, el 15 de julio de 1980.

Desempacando la historia, manifiesta Elio juniors: “En ese pueblo en el cual crecí y dí mis primeros pasos, me inicié en el deporte más popular en mi país, el béisbol, que al igual que Argentina con el fútbol, es practicado por la gran mayoría de los niños, jóvenes y adultos”. En ese lugar los frailes aragoneses levantaron la iglesia en honor al Arcángel San Miguel en 1780.

Y cuenta Elio: “En el proceso de aprendizaje del deporte, conté con grandes entrenadores entre los que pudiera destacar, a Ramón Rivas y un gran jugador profesional de mi país como lo fue Juan Monasterio”.

El muchacho crecía y soñaba con jugar los torneos venezolanos y quizás algún día destacarse en las Ligas de beisbol de Estados Unidos. Y agradece: “A esos maestros les debo gran parte de sus enseñanzas, las puedo poner en práctica hoy en día, con los chicos a quienes mes toca trasmitir mis conocimientos”.

Pero la trayectoria en el beisbol le duró hasta los 19 años y decidió jugar al softbol. Entre estos dos deportes hay similitudes, pero las diferencias son varias como el tamaño y peso de la pelota, del bate, las dimensiones del campo de juego, el lugar en donde se ubica el lanzador (pitcher) y en la duración de los tiempos de juego.

Elio tuvo oportunidades de integrar varios equipos de la zona, pero eligió el club San Miguel que es de su pueblo de nacimiento. Además, allí jugaban sus mejores amigos y formó parte de su educación deportiva.

Luego se dedicó a la docencia durante 11 años como profesor de Educación Física en dos colegios de Guanaguana.

Y cuenta Elio que “en 2019 me vi en la necesidad de abandonar mi país, con la gran fortuna de llegar un hermoso lugar como lo es Mendoza“. Allá quedaron su esposa Yuremy y la pequeña hija Sofía. Empezaba el desarraigo.

Francisco Anganuzzi es un jugador del Club Banco Mendoza, tiene que ver en gran parte de esta historia, para contar: “Elio llegó a Mendoza en junio del 2019 como todo venezolano, en busca de una vida mejor… Solo, dejando a su mujer y su hija en Venezuela con la idea de poder traerlas rápido. Cosa que no pudo ser primero debido al tema monetario y luego a la pandemia, lo que hizo que se dilatara mucho más ese reencuentro“.

Cuando llegó a Mendoza a Elio no le resultó simple conseguir trabajo y al principio tomaba cualquier changa para sobrevivir. En una empresa metalúrgica tuvo que aprender a soldar y así pudo tener un sueldo.

Para Salazar fue una sorpresa saber que en Mendoza se jugaba softbol. Buscó con facebook direcciones de clubes, nombres y se contactó con Sergio Giacconi que además de ser presidente de la Federación Mendocina de Softbol es DT de Banco Mendoza.

Anganuzzi  recuerda: “Su llegada al club fue allá por octubre del 2019, dónde además de sumarse como jugador, se hizo cargo de la dirección técnica de la novena división masculina llamada ‘La Marea Negra’, Banco Mendoza. Con el tiempo comenzó a trabajar con el semillero del club en preinfantiles e infantiles junto a los profesores Sebastián García Burgos y Sebastián Pedrosa. Logrando darle muchísima más técnica y profesionalismo a los pequeños. Así fue que logró ganar numerosos torneos, siendo el último de estos de manera invicta”.

Y Salazar es un enorme agradecido al Club Banco Mendoza: “Pertenezco hoy como jugador activo, donde más que un equipo, he tenido la oportunidad de conseguir una gran familia, que han hecho todo lo posible por hacerme sentir como en casa”.

Además, la Federación lo nombró DT de la selección mendocina juvenil para continuar esparciendo sus conocimientos a jugadores del combinado.

En febrero de 2021 Anganuzzi fue llamado de una agencia de automotores y le dieron la oportunidad de armar un equipo de venta. No dudó en incorporarlo a Salazar. “Te vas a venir a trabajar conmigo y te voy a formar como vendedor. Es una buena posibilidad de tener un trabajo en blanco y una mejora económica. Eso permitió empezar a programar la llegada del resto de su familia“.

Y hace unas semanas una alegre sorpresa invadió su rostro cuando vio la terna de softbol que incluía su nombre entre los postulantes al premio Huarpe. Y hubo una hermosa coincidencia para este venezolano de 41 años. Que relata: “El jueves 16 me pudo juntar con mi esposa y mi hija que hacía dos años y medio que no veía. El club me organizó una recepción y fue algo muy bonito y emotivo difícil contar con palabras. Lo más difícil al salir de mi país fue separarme de mi familia, pero gracias a Dios después de 2 años y medio estamos juntos“.

Además “le doy las gracias al Círculo de Periodistas Deportivos de Mendoza porque me incluyeron en una lista con los tres mejores jugadores (junto a David Fornabay y Emiliano Anea -ganador del Huarpe-) y lo lindo fue que Yuremy y Sofía asistieron el lunes 20 y me pudieron ver en el escenario del Arena Aconcagua recibiendo mi diploma”.

“Todo lo que lo he podido lograr no solo en el deporte sino en mi vida es gracias a los valores y educación que me inculcaron mis padres. A ellos va mi cariño enorme”, agradeció.

Elio está con su familia en Mendoza, fue un gran sacrificio; por su empeño y dedicación logró empezar de cero hasta lograr cierto bienestar con la ayuda de los mendocinos. Una historia singular de un deportista que logró volver a jugar al softbol y enseñar todo lo que sabe.