Entre noviembre de 2019 y enero de 2020, dos crímenes se perpetraron en la zona de la triple frontera entre Godoy Cruz, Luján, Maipú.

Para los detectives que trabajaron los casos, en ambos hechos hubo un acuerdo previo para terminar con las vidas de las víctimas: Julián Agustín Domínguez (21) y Matías Carlos Guajardo Ceballos (29). La hipótesis señala que al primero lo asesinaron por error, ya que los sicarios se equivocaron de blanco. 

Pero los paralelismos entre los dos expedientes continúan, pues tienen un imputado en común. Se trata de Diego Javier Silva Miyicay, alias el Muqueño, quien desde hace años ha sido vinculado en diferentes investigaciones a grupos dedicados a la venta de estupefacientes en ese sector “caliente” del Gran Mendoza.

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Ante esto, y porque ambas causas fueron instruidas por el fiscal de Homicidios Carlos Torres, se decidió hacer un mismo juicio por jurado, el que tuvo su inicio este martes en el Polo Judicial. 

En el homicidio de Domínguez, el Muqueño se encuentra imputado con su pareja, Carla Gimena Carrizo Arce, conocida como la Lety, y su cuñado, Pablo Emanuel Carrizo Arce

También formaba parte de la acusación Eleodoro Martín Tincho Jofré, aunque no participó de este proceso: acordó hace tres semanas una condena de 10 años de prisión como partícipe secundario del delito de homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y dos robos agravados por los que también era investigado.

Por su parte, en el otro caso, Silva Miyicay está sindicado como coautor junto a Samuel Sosa Dalmau, a quien pesquisas de la zona también estaban siguiendo de cerca por tema de drogas. 

Debido a las supuestas conexiones de los personajes sospechados en las citadas investigaciones con el ambiente narco, la hipótesis de la Fiscalía es que hubo un trasfondo vinculado a la comercialización de estupefacientes y la disputa territorial entre las gavillas de triple frontera.

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Así lo señalaron durante los alegatos de apertura el fiscal Torres y el jefe de la UFI Homicidios, Fernando Guzzo, quienes, además, hicieron hincapié en que existió una planificación antes de ambos ataques que tenían el mismo objetivo: “Matar”.

Por su parte, en sus diferentes exposiciones, los defensores argumentaron que no existió ningún pacto previo a los crímenes y también descartaron un móvil narco

Después de las presentaciones iniciales de las partes, el juez técnico Diego Lusverti decidió pasar a un cuarto intermedio hasta este miércoles, cuando comenzarán a desfilar los primeros testigos. Se estima que el viernes podrían desarrollarse los alegatos finales y posteriormente el veredicto, en caso de que haya concordancia entres los jurados. 

Crimen en La Gloria

Julián Domínguez fue asesinado de dos balazos la noche del domingo 10 de noviembre de 2019, cuando se encontraba junto a un grupo de conocidos en una esquina de la manzana I del barrio La Gloria, en Godoy Cruz. 

De acuerdo con la reconstrucción, fueron dos sujetos a bordo de una moto los que dispararon y terminaron con la vida del joven que había sido padre algunos meses atrás. 

Sin embargo, para los investigadores al chico lo mataron por error, ya que el blanco de los matadores era Matías el Hueso Olivera, quien se encontraba junto a la víctima en ese instante. 

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La hipótesis oficial sostiene que todo se originó por las diferencias que mantenían entre Olivera y la familia de su ex novia, los Carrizo, quienes residían en la misma manzana.

Para la Fiscalía, el conflicto no sólo se inició por las denuncias de violencia de género de la ex pareja y madre de los hijos del Hueso, sobre los que tenía una restricción de acercamiento, sino también por cuestiones que tenían que ver con el narcomenudeo en esa manzana del popular complejo godoicruceño. 

Por aquellos días, la Lety Carrizo permanecía con prisión domiciliaria por una causa en la que era investigada por tema de drogas por el Tribunal Oral Federal de San Luis, pero se le había permitido salir a visitar a su pareja, el Muqueño, al Hospital Central, ya que estaba internado por haber recibido una puñalada días antes.

Ese día, alrededor de las 18, la Lety salió de su casa para dirigirse al nosocomio de Ciudad y se encontró con Olivera en la esquina. Ambos discutieron y la mujer le habría dicho que lo iba a mandar a matar.

De la instrucción surge que durante esa visita al centro asistencial, entre Carrizo y Silva Miyicay planearon matar al hueso. Fue el Muqueño quien llamó por teléfono a su cuñado, Emanuel Carrizo, y le dio la orden: “Tengo los juguetes, vayan a buscarlo. Después pago”, le habría dicho palabras más, palabras menos, haciendo referencia a las armas de fuego que tenía a disposición. 

La versión del Ministerio Público agrega que el hermano de la Lety se contactó con unos sujetos de Las Heras para que fueran a matar a Olivera. Les marcó el lugar donde se encontraba y especificó que vestía una camiseta de la Selección Argentina. 

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Esas indicaciones se dieron a las 20.02, a través de un celular que les facilitó Tincho Jofré a los matadores, surge de las escuchas telefónicas al celular de Emanuel Carrizo. Cerca de las 20.10 los sicarios llegaron en moto hasta la manzana I y dispararon contra Olivera y los otros tres jóvenes que lo acompañaban. 

Pero el Hueso resultó ileso y dos de las balas le impactaron a Domínguez en el abdomen y el tórax. El chico fue traslado al Central y permaneció internado durante algunos minutos, pero no resistió y murió.

Por su parte, los alegatos de la defensora Glenda Wagnest, que representa legalmente a los hermanos Carrizo, aseguró que no hay pruebas objetivas contra sus clientes: “No hay arma, no hay huellas, no hay cámaras, no hay testigos”, dijo en su exposición. 

Además, descartó un trasfondo vinculado a las drogas y destacó los antecedentes de violencia de género de Olivera y las numerosas denuncias de la hermana de los Carrizo contra el Hueso. Justamente, la joven declarará el miércoles ante el jurado. 

Acribillado

El otro hecho de sangre sucedió poco más de dos meses después, durante la madrugada del domingo 19 de enero del 2020. 

Al igual que el caso anterior, para el fiscal Torres existió una planificación. La investigación sustenta que el Muqueño y la Lety, junto a dos sujetos que no fueron identificados, fueron a bordo de un vehículo gris hasta el departamento de una mujer vinculada a Matías Guajardo. 

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Los individuos subieron hasta el tercer piso e increparon a la fémina, pero ella les respondió que Guajardo, conocido como el Mati, no se encontraba en ese lugar, motivo por el cual se retiraron. 

Aparentemente, en el camino la Lety se bajó del rodado y tomó su lugar el Samu Dalmau Sosa. Acto seguido, fueron hasta la casa de la víctima, en la manzana B del barrio Nueva Generación de Maipú.

Los testimonios plasmados en el expediente señalaron que del vehículo se bajó el Muqueño, quien tocó la puerta de la vivienda y fue atendido por la madre de Guajardo y le pidió hablar con su hijo. 

Según las averiguaciones, existía una relación de amistad entre Silva Miyicay y Guajardo, por lo que este último no dudo en salir cuando su progenitora lo fue a buscar al departamento en el que estaba viviendo, al fondo del domicilio de sus padres. 

Para los pesquisas, mientras la víctima estaba saliendo a la vereda, descendió del rodado Dalmau Sosa y junto al Muqueño descargaron una lluvia de balas contra el Mati, luego de intercambiar algunas palabras. 

Guajardo intentó evitar el ataque corriendo hacia su casa, pero recibió el impacto de siete plomos en su cuerpo, que le provocaron la muerte en cuestión de minutos.

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En la escena se levantaron nueve vainas de calibres 380 y 9 milímetros, motivo por el que la Fiscalía sostiene que existieron dos tiradores. 

Además, de las intervenciones telefónicas surgió que Dalmau Sosa habló de “preparar testigos” y “vender las armas” que habrían utilizado, señaló el fiscal Guzzo durante sus alegatos. 

En ese caso, la defensa de Silva Miyicay, a cargo de Marcos Hurtado, se mostró en contra de la imputación de homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas, asegurando que no se dan las condiciones para ese encuadre jurídico. 

En tanto, el representante legal del Samu, Juan Ignacio Villegas, aseguró que no hay elementos de prueba contra su defendido y que sólo se trata de “rumores y conventillerío” de barrio.