Una nube es un fenómeno que tiene lugar en la troposfera que consiste en una masa visible hecha de cristales de nieve o gotas de agua microscópicas suspendidas en la atmósfera. Las nubes dispersan toda la luz visible y por eso se ven blancas. Sin embargo, a veces son demasiado gruesas o densas como para que la luz las atraviese. Cuando esto ocurre, la coloración se torna gris o incluso negra.

La forma de las nubes tiene un papel decisivo en las predicciones y los avisos meteorológicos.

Las diferencias entre las formaciones de distintos tipos de nubes se deben a las temperaturas de condensación. Hay algunas nubes que se forman a temperaturas más altas y otras más bajas. Mientras más baja sea la temperatura de formación, más espesa será la nube. También hay algunos tipos de nubes que dan precipitaciones y otras que no.

Si la temperatura es demasiado baja, la nube que se forma estará compuesta de cristales de hielo.

Otro factor que afecta a la formación de la nube es el movimiento de aire. Las nubes que se crean cuando el aire está en reposo tienden a aparecer en capas o estratos. Por otro lado, las que se forman entre vientos o aire con fuertes corrientes verticales presentan un gran desarrollo vertical. Normalmente son estas últimas las causantes de las lluvias y tormentas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) distingue 10 tipos combinados: cirros, cirrocúmulos, cirroestratos, altoestratos, altocúmulos, estratos,  estratocúmulos, nimboestratos, cúmulos y cumulonimbos. Las primeras ocho son nubes estratiformes, porque son paralelas a la superficie terrestre; las últimas dos son cumuliformes, porque tienen estructura vertical.