Armar el rompecabezas de indicios y pruebas para conocer los últimos movimientos del empresario desaparecido se ha transformado en el principal trabajo de los policías de Investigaciones de Mendoza y el fiscal federal Fernando Alcaraz.
Análisis de cámaras de seguridad de la calle y de un complejo exclusivo, declaraciones y el estudio de llamadas entrantes y salientes de diversos teléfonos son parte del combo de trabajos que están realizando los detectives.
Este martes se cumple una semana desde que Diego Alfredo Aliaga (51) dejó de ser visto por sus allegados y la hipótesis principal que manejan sostiene que pudo haber sido secuestrado con fines económicos (por un llamado que recibió su hermano) aunque no descartan que haya sufrido un atentado contra su vida.
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Lo cierto es que, horas después de que se denunciara su desaparición en la Justicia local, sonó el teléfono del familiar directo del ex despachante de aduanas y un hombre le pidió un millón de dólares a cambio de la liberación.
La comunicación fue corta y el número entrante no estaba oculto. Los policías sospechan que pudo haber sido una maniobra de distracción para ganar tiempo y complicar la pesquisa.
Pasaron cinco días y no volvieron a comunicarse para iniciar la etapa de negociación, como sucede cuando se comete un secuestro extorsivo. Y rastrear ese número de teléfono se transformó en algo imposible para los sabuesos. El aparato, rápidamente, fue descartado.
En medio de los rastrillajes, cuando las hipótesis se abrieron en un abanico de incertidumbre, trascendieron detalles de cómo fueron las últimas horas de Aliaga.
Domiciliado en el barrio privado Palmares, en Godoy Cruz, el martes había pactado encontrarse con un socio y su hermano para estar presentes cuando se iba a realizar una inspección municipal en una propiedad que habían adquirido poco tiempo antes en Rodeo de la Cruz.
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Allí, de acuerdo con las fuentes consultadas, Aliaga pensaba levantar un centro de rehabilitación, entre otros proyectos.
Pero, antes de que el trío se encontrara como había pactado, el socio llamó al hermano del empresario y le dijo que no hacía falta que se dirigiera hasta el lugar. Así las cosas, sólo Diego Aliaga y su socio iban a ser parte del encuentro.
En ese lapso, sospechan, el ex despachante de aduana fue abordado o retenido con fines desconocidos. Al no tener novedades, su hermano comenzó a llamarlo.
Sin embargo, no encontró respuesta. Pudo comunicarse con su socio y este le respondió que la inspección había salido como lo esperaban y que Diego se había ido “con un cuerpito”, refiriéndose a una mujer.
Pasaron las horas y el empresario no volvió a comunicarse. La familia se dirigió hasta su casa, detallaron fuentes de la investigación, y descubrieron que personas ajenas al mismo habían ingresado.
Algunos sectores de la propiedades se encontraban revueltos y entienden que faltaban algunos documentos, entre otras cosas. Un detalle llamó la atención y está relacionado con el hecho: las cámaras de seguridad del domicilio no funcionaban.
A partir de esto, el caso entró en la confusión y al poco tiempo se iniciaron los trabajos por un presunto secuestro extorsivo. Pero, más allá de esta versión, los detectives con años de experiencia creen que a Aliaga algo pudo sucederle.
Por los testimonios de su familia, no tenía pensado dejar el país y menos a sus seres más queridos, sus dos hijos.
