Los mendocinos somos anomios, nos cuesta respetar las normas y conducimos para el mismo poto. Aquí, la derecha es la izquierda, la bocina es una manera de putear sin labios, el carril de la derecha es para aquel que va más rápido, la prioridad en la rotonda la tiene el que llega primero, la senda peatonal sirve para atropellar al prójimo mucho más ordenadamente. A la Ciudad de Mendoza ingresan diariamente 140.000 vehículos. A esos 140.000 hay que sumarles los 40.000 de los que viven en la Ciudad, más los micros que circulan. Por eso, encontrar estacionamiento es más difícil que sentarse en el pajar y clavarse la aguja.

    La contaminación es tan grande que el aire de Mendoza posee 98 octanos. Reducir la cantidad de vehículos que ingresan a la Ciudad es la consigna, y para lograrlo se piensa en una reducción de acuerdo al número de terminación de la patente. Hoy los pares, mañana los impares, pasado los que no tienen patente, que son un montón. Yo creo que habría una solución inmediata y efectiva: que todos los automóviles mendocinos circulen por San Luis. Ya que allá nos dan el carnet, que también nos den espacio para nuestros autos. En fin, recuerdo que hace muchos años se difundió una publicidad que decía que el auto era un arma. De ser así, Mendoza es un polígono de tiro.