Muchas veces justificamos reacciones que son ciertamente desacertadas echándole la culpa a un trauma muy fuerte, como puede ser la muerte de un ser querido. En nombre de la lucha contra el delito, en innumerables oportunidades vemos a familiares de una víctima pedir pena de muerte para los asesinos. También es cierto que, ante un momento de dolor como ese, es complicado anticipar cómo se va a actuar. Por lo antes expuesto, se pudo entender la furia de los familiares de las víctimas de Cromagnon acosando a jueces y fiscales, provocando desmanes, acusando a funcionarios, trabajando para que fuera destituido –para nosotros, injustamente– el ex jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Aníbal Ibarra, entre otras cosas.
Ya han pasado casi dos años desde la tragedia y la banda que que se presentaba en Cromagnon esa noche, acusada como culpable de negligencia, no ha vuelto a tocar. Ayer se conoció la noticia de que Callejeros podría volver a los escenarios en la provincia de Córdoba, en los festejos estudiantiles por el Día de la Primavera.
Ante esta posibilidad –en un lugar al aire libre, sin peligro de incendio–, algunos familiares de los chicos muertos en Cromagnon dijeron que impedirán por todos los medios que los músicos toquen. Incluso, alguien amenazó con incendiar Córdoba si el recital se concreta. Este tipo de amenazas no deben ser toleradas, porque ponen en igualdad de condiciones a los que cometieron un delito con quienes quieren juzgarlos. A esta situación se agrega un dato primordial: la Justicia no se ha expedido, o sea que la banda, Omar Chabán y los policías procesados son inocentes hasta tanto se demuestre lo contrario.
