Guillermo Antonio Álvarez, alias “El Concheto”, uno de los protagonistas de los crímenes más violentos en la Argentina, tuvo una participación clave para que se desactive el viernes el motín en la cárcel de Villa Devoto.
Condenado a 25 años de cárcel en 1998, salió libre en 2015, pero fue detenido nuevamente al poco tiempo por una salidera.
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El integrante de la legendaria banda de los “nenes” rubricó el acta con los representantes del Ministerio de Justicia de la Nación y del Servicio Penitenciario para frenar -por el momento- el violento motín que mantuvo en vilo por varias horas al país y que se alzó por un caso de coronavirus positivo en un penitenciario.
Su banda tenía un objetivo muy particular, no eran los bancos, sino los restaurantes de alta gama, donde podía encontrar a magnates y altos ejecutivos para robar.
Su perfil psicológico arrojaba que no cometía delitos para subsistir, de hecho, Álvarez había estudiado en instituciones educativas de clase media.
“Robo porque me gusta, no por necesidad. El delito me atrae, me seduce, es como enamorarse. O tener la mujer más linda”, dijo cuando lo detuvieron.
Su padre era propietario de dos cines y de un local comercial. Para los peritos que lo trataron, el joven múltiple asesino era “un narcisista, un psicópata perverso”. La misma calificación que recibió su admirado Robledo Puch, un asesino que vivió a pocas cuadras del lugar en el que Álvarez se crió.
Los investigadores, luego de los allanamientos, descubrieron que coleccionaba, en el lujoso chalet en el que vivía, los recortes de diarios con las notas periodísticas del año 1972 sobre el Ángel de la Muerte.

El día en que mató a tres personas
El 28 de julio de 1996, Guillermo Álvarez llegó al pub Company. Entró y se mezcló con los clientes. Sus secuaces, Oscar “el Osito” Reinoso, César Mendoza y Walter Ramón Ponce, alias “Oaky”, a una señal del Concheto, ingresaron armados al local y les exigieron a todos los clientes que entregaran los objetos de valor.
Hasta ahí parecía el plan perfecto hasta que la cosa se complicó, cuando entre los presentes estaba el subinspector de la Federal, Fernando Aguirre, de franco.
Dio la voz de alto y cayó el piso y en ese accidente, el delincuente aprovechó que el policía cayó al piso y lo remató.
La segunda víctima fue una estudiante que festejaba allí su cumpleaños, Andrea Carballido.
El “Osito” Reinoso quedó herido. “El Concheto” y sus cómplices lo llevaron a la casa de la hermana. Cuando Reinoso finalmente murió, la mujer les hizo un reproche por su muerte. Pero a Álvarez no le importó lo que le pasó a su cómplice y sin ningún tipo de contemplación, le dijo: “A mí no me digas nada. Yo intenté salvarlo. Al cana que mató a tu hermano lo cociné a tiros”.
Pero a esa lista de crímenes, le antecedía uno, ocurrido seis horas antes de los sucesos en el pub Company.
También había robado y asesinado a Bernardo Loitegui, hijo de Bernardo Loitegui, ex ministro de Obras Públicas de la Nación durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse.
El raid de estos crímenes fue tenido en cuenta por los magistrados que lo condenaron a 25 años de prisión.
El cuarto asesinato ocurrió en un pabellón de la vieja cárcel de Caseros, donde mató a facazos a Elvio Aranda.
Pasaron los años y cuando los camaristas los liberaron -con el argumento de que la pena de prisión perpetua no podía exceder los 25 años.
Con ese cheque en blanco se fue a vivir a Gualeguaychú para comenzar una nueva vida pero a los tres meses el delito lo volvió a seducir, como había admitido en las entrevistas con los psicólogos.
Fue acusado de haberle robado 67 mil pesos a un colombiano que había retirado de una financiera. Además, estaba en Buenos Aires, aunque ante los jueces se había comprometido a no salir de Entre Ríos. Por ese motivo, la Corte Suprema resolvió que volviera a la cárcel más la accesoria del tiempo indeterminado.
