La pandemia mundial hizo que la rutina diaria de las familias se vea modificada siendo, en muchos casos, los niños los más afectados. Frente a esto, los especialistas aseguran que es necesario ingeniárselas para entretenerlos y no modificar demasiado su rutina.

Angustia, estrés y soledad son algunos de los síntomas que padecen los adultos tras el aislamiento. Pero los menores no quedan ajenos a la situación. En ellos el encierro repercute de forma particular ya que hay una notable transformación en sus costumbres y quehaceres.

De acuerdo a lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños pueden responder al estrés de diferentes maneras: retraídos, ansiosos, enfadados, revoltosos, contestadores o irritables. Frente a esas reacciones, los especialistas aconsejan que los padres reaccionen de una manera comprensiva. También es fundamental mantener las rutinas y los horarios regulares tanto como sea posible. 

“Lo primero que tienen que hacer los padres frente a este panorama es hablar con los chicos sobre el coronavirus. Hacerlo de un modo simple, didáctico y sin tanto detalles, teniendo en cuenta la edad del menor. Otro punto clave es alejarlos un poco de información que brinda la televisión”, comentó la psicóloga infantil Natalia Duarte.

Lo ideal es armar un cronograma con rutinas saludables para que ellos realicen. Por ejemplo, seguir exigiendo el lavado de dientes, el aseo personal, el orden de su habitación y demás.

“Uno tiene que seguir respetando los mismos horarios que tenía antes. Por ejemplo, si toman la mediatarde a las 17 seguir haciéndolo, pero tal vez ahora con la licencia de que sea mediante un picnic en el living, algo más atractivo que los divertirá a todos y que reunirá a todos los miembros de la famillia. Permitir que cocinen, que colaboren en los quehaceres diarios, eso los mantendrá ocupados y los hará sentir útil”, comentó Duarte.

“Los límites son fundamentales en estos momentos de nerviosismo y agobio. Las casas, por lo general, son chicas  y si hay dos o más chicos por familia, no encuentran su espacio. Allí comienzan las peleas y discusiones. Ante este panorama, los adultos no tienen que hacer del problema algo más grave: simplemente los tienen que separar, hacerles entender la situación y volver a empezar”, manifestó la psicopedagoga Nancy Caballero.

Ambas especialistas coinciden en que los chicos deben entender que no están de vacaciones, que están en la casa por una cuestión de salud, para cuidar al otro. Pero al mismo tiempo deben tener ciertos permitidos. “Pueden ver tele hasta un poco más tarde de lo habitual, jugar un tiempo más prolongado con los videojuegos o levantarse más tarde. En fin, ciertas cuestiones que los desligan de sus responsabilidades habituales“, recomendó Caballero.

“Proponer como actividad, en un determinado horario del día, hacer videollamadas con familiares o con algún amigo es interesante porque permitirá que el menor continúe con el lazo afectivo en el que se encontraba inserto”, expresó Duarte.

Home office y escuela

El Home Office ha crecido notoriamente en los últimos días y, de acuerdo a las expertas, los chicos deben entender que los padres tienen que trabajar en casa y cumplir con sus obligaciones laborales.

“Es necesario que comprendan que deben jugar de un modo más tranquilo, sin tanto ruido, respetando a los padres. Para que esto ocurra hace falta un diálogo previo: los chicos deben entender la situación y para ello tienen que conocerla”, agregó la psicopedagoga.

Por otra parte, la mayoría de los menores que están en casa tienen tareas escolares. “Lo primero que hay que hacer es mantener un orden establecido mediante un cronograma. Esto permitirá que tengan presente la rutina que ya traían de la escuela. Pese a que habrá más juego y recreación, los chicos no deben perder de vista que sus docentes les han ideado una tarea especial para que ellos hagan en casa”, comentó Rita Pérez, docente del Nivel Inicial.

La posibilidad de que no asistan a clases por varias semanas más es alta. En este sentido, la psicóloga infantil refirió: “La exigencia en relación a las tareas escolares no tiene que ser una prioridad. Se hacen dependiendo del tiempo y el espacio. Hay que intentar que ellos pongan voluntad para realizarlas pero no obligarlos mediante el enojo y el maltrato porque eso generará resultados negativos”.