A veces, esta cuestión del poder que tienen los presidentes se les va por otro lado. Quiero decir, por tener el poder, piensan que pueden hacer de todo y, dentro de ese hacer, la cuestión sexual ocupa un lugar preponderante. Ya nos dio muestra de esta actitud el ex presidente de Estados Unidos de la Usa que nos Usa Bill Clinton cuando fue detectado en actitudes no aptas para menores de 18 años, como los peloteros de Saraco. Porque usted vio que el ministro de Salud dijo que iban a abrir los peloteros pero sólo para mayores de 18 años. En aquel caso, Clinton –que luego fue llamado Clintoris–mantuvo relaciones íntimas, pero de una intimidad total con Mónica Lengüisky, una becaria que encontró una forma placentera de acercarse al poder. En nuestro país se cuentan algunas anécdotas de Menem que dan para un libro, no sé si con fotos, pero para un libro, tal vez. Mas actualmente nos sorprendimos al conocer el pasado del presidente de Paraguay, quien, al parecer, tiene más hijos que Urquiza, con el agravante de que, en la época de la gestación de sus culillos, él era obispo con sotana demasiado vulnerable. Dicen que en aquella época, una joven que se confesó con el obispo Lugo, le confió que había mantenido relaciones con el cura de otra parroquia, y Lugo le dijo: “Cien padrenuestros por el pecado y recuerde, hija, su parroquia es esta”. Y ahora no dejan de llegar noticias de las actividades sexuales del presidente de Italia el Silvio Berlusconi, quien, al parecer, es adicto a las fiestas privadas, privadas de todo recato. Los diarios italianos publican todos los días una noticia al respecto. Ayer publicaron que una famosa meretriz VIP –o sea, Voraz Insaciable Pechugona– recibió un mensaje de Berlusconi, que decía: “Te espero en la cama grande”, lo que es toda una precaución. Practique sexo seguro, ponga una baranda alrededor de la cama. La cuestión es que el sexo ha pasado a ser una cuestión de Estado en Italia, y los escándalos del capo di tutti li capi están a la orden del día. Cristina, por favor, nada de relaciones carnales con Lugo ni con Berlusconi, a ver si terminan haciendo las reuniones del G8 en un hotel alojamiento.