Podemos criticar la fiesta, sobre todo nosotros, los periodistas, tenemos tendencia a hacerlo, pero, más allá de las bondades artísticas, es un acontecimiento tan convocante que me atrevo a decir que no hay otro que lo iguale, al menos en nuestro país. Las colas para comprar entradas son más largas que sobretodo de víbora. Se pusieron las entradas a la venta y se agotaron en dos horas. Hubo quejas y líos, además. La fiesta despierta pasiones. Ahora, Gioja en San Juan viene tratando de competir en importancia por la Fiesta del Sol, habrá de llevarlas como invitadas especiales a Susana Giménez y a Mirtha Legrand. Mire, don Gioja, invite a Obama si quiere, pero nuestra Fiesta de la Vendimia seguirá sumando la adhesión de cientos de miles de espectadores, se llenará las tres veces que se ponga en escena, y si ponen un cuarto día, se llenará también. Esta no es una competencia de fiestas, es un modo de celebrar el trabajo de los pueblos. Por suerte, se solucionó el tema de los sueldos de los artistas, aunque los chicos quedaron resentidos por algunos malos modos. Pero no tenemos duda de que cuando den la orden de iniciación de la fiesta, habrán de dar todo lo que tienen para que sea algo inolvidable. Porque los artistas sienten de un modo especial a la Vendimia. Ellos se están preparando, métanle con todo, chicas y muchachos, confiamos en ustedes. Pero a mí me parece que tendríamos que prepararnos en otros aspectos. A ver, en la última edición lo silbaron al gobernador. No creo que este año vuelva a ocurrir, pero, por las dudas deberían estar atentos. Los aplaudidores usados en otras oportunidades no han dado los resultados deseados, por lo tanto, doy algunas propuestas: 1) Que el gobernador entre cuando estén cantando el Himno; 2) Que entre disfrazado de otro personaje, por ejemplo, de Kirchner (aunque no creo que pare los chiflidos); 3) Que entre al mismo tiempo que Cobos, así pueden decir que los chiflidos eran para el otro; 4) Que tiren los fuegos artificiales en ese momento; 5) Repartir sandwiches entre los presentes, el que está comiendo un choripán no puede chiflar porque escupe parte de él; 6) Que el gobernador entre en el cuadro del granizo, seguro, con los truenos, no se escucharán los chiflidos, y 7) Que vaya a las tres de la tarde, que a esa hora todavía no hay nadie. Los silbidos empañan la fiesta y llegan a todos lados: A Luján, Las Heras, Rivadavia y Tunuyán, a Maipú, Lavalle, Tupungato y Godoy Cruz…