El tipo se levanta a atender porque piensa que puede ser uno de los nenes que termina de incendiar la escuela o su mujer que estacionó el auto adentro de otro auto. Pero no, del otro lado una voz con la “ye” arrastrada te dice: “Buenas tardes. Eyenor, empresa productora de lluvia, lo llama para hacerle una encuesta ¿Está dispuesto?”. ¿Pero por qué no te vas a la p… madre que re p. arió? Los porteños se olvidan de que los provincianos dormimos la siesta, por lo menos aquí en Mendoza. Dicen que a los mendocinos nos colocaron el mote de “pata la rastra”, por los problemas que teníamos hace años con el bocio pero también por nuesEstás durmiendo a las tres de la tarde, plácidamente porque hay un vientito del sur que le responde a tantos calurones invasivos, y suena el teléfono. El tipo se levanta a atender porque piensa que puede ser uno de los nenes que termina de incendiar la escuela o su mujer que estacionó el auto adentro de otro auto. Pero no, del otro lado una voz con la “ye” arrastrada te dice: “Buenas tardes. Eyenor, empresa productora de lluvia, lo llama para hacerle una encuesta ¿Está dispuesto?”. ¿Pero por qué no te vas a la p… madre que re p. arió? Los porteños se olvidan de que los provincianos dormimos la siesta, por lo menos aquí en Mendoza. Dicen que a los mendocinos nos colocaron el mote de “pata la rastra”, por los problemas que teníamos hace años con el bocio pero también por nuesEstás durmiendo a las tres de la tarde, plácidamente porque hay un vientito del sur que le responde a tantos calurones invasivos, y suena el teléfono. El tipo se levanta a atender porque piensa que puede ser uno de los nenes que termina de incendiar la escuela o su mujer que estacionó el auto adentro de otro auto. Pero no, del otro lado una voz con la “ye” arrastrada te dice: “Buenas tardes. Eyenor, empresa productora de lluvia, lo llama para hacerle una encuesta ¿Está dispuesto?”. ¿Pero por qué no te vas a la p… madre que re p. arió? Los porteños se olvidan de que los provincianos dormimos la siesta, por lo menos aquí en Mendoza. Dicen que a los mendocinos nos colocaron el mote de “pata la rastra”, por los problemas que teníamos hace años con el bocio pero también por nuesEstás durmiendo a las tres de la tarde, plácidamente porque hay un vientito del sur que le responde a tantos calurones invasivos, y suena el teléfono. El tipo se levanta a atender porque piensa que puede ser uno de los nenes que termina de incendiar la escuela o su mujer que estacionó el auto adentro de otro auto. Pero no, del otro lado una voz con la “ye” arrastrada te dice: “Buenas tardes. Eyenor, empresa productora de lluvia, lo llama para hacerle una encuesta ¿Está dispuesto?”. ¿Pero por qué no te vas a la p… madre que re p. arió? Los porteños se olvidan de que los provincianos dormimos la siesta, por lo menos aquí en Mendoza. Dicen que a los mendocinos nos colocaron el mote de “pata la rastra”, por los problemas que teníamos hace años con el bocio pero también por nuestra inclinación al descanso. Los mendocinos decimos, para atenuar las críticas, que nosotros amanecemos dos veces. Para mucho, el asunto de la siesta es tiempo perdido y una forma de laburar menos. Pues muy equivocados están señoras y señores. La siesta prepara mejor para continuar trabajando. Una nota aparecida en El Sol lo confirma. Un estudio de científicos norteamericanos asegura que dormir la siesta mejora la habilidad mental. Walker, que no es el del whisky, sino uno de los encargados de la investigación, afirmó que el sueño es necesario para borrar la memoria a corto plazo en el cerebro y hacer espacio para la nueva información. En definitiva, el que duerme la siesta rinde más. En el polo, el día dura seis meses, dijo un santiagueño. ¡Ja! ¡Pavadita de siesta. Así que, muchachos de la metrópolis, sepan ustedes que nosotros después de los tallarines, el puchero, en otros tiempos la carne, nos zambullimos otra vez en la cama, nos desparramamos sobre el colchón, más hundido que el Titanic, y dejamos que el sueño nos venza, que es una de las derrotas más deliciosas que nos pueden ocurrir. Pero no lo hacemos de vagos, de desatendidos, de cansados, lo hacemos para prepararnos mejor para cumplir con la segunda parte del trabajo. Así que no se sienta usted mal por dormir la siesta, al contrario, se está preparando adecuadamente para enfrentar el futuro. Un ronquido de siesta es como una trompeta de victoria. La siesta, esa situación del inicio de la tarde que es muy difícil de describir en un diario. A no ser que el diario venga con almohada.