Pues bien, parece ser que el adversario actual es el Poder Judicial. Y, claro, varios jueces fallaron en contra de la voluntad del Kejecutivo de pagar la deuda externa con las reservas del Banco Central.

Las reservas del Banco Central están más manoseadas que toalla de estación de servicio. Y como la Justicia le resultó adversa, Cristina dijo que había jueces alquilados y delivery. Mire, comadre, yo no voy a poner las manos en el fuego por todos los jueces, porque sé de algunos que no fallan, nos fallan, porque sé de otros que siguen siendo jueces, aunque en su currículum conste sus actuaciones en las épocas luctuosas de nuestro país. 

Hay algunos jueces a los que yo no les compraría un auto usado, pero, bueno, tildarlos de alquilados y delivery, sin nombrarlos, sin señalarlos específicamente, aparece más como un acto de ofensa que una denuncia en sí. Entonces, se produce un conflicto de poderes, porque el juez Fayt, el decano de la Suprema Corte, salió a contestarle diciendo que las acusaciones de la presidenta son tonterías. Y la Suprema a la Meryland, perdón, la Suprema Corte emitió un comunicado instando a quienes tienen la responsabilidad del gobierno a que se expresen con mesura y equilibrio. O sea, no seas lengua larga porque podés llegar a hacerte pichí en tu propia lengua.

Nuestro país adoptó, desde la constitución de su Constitución, la división de poderes y la igualdad de poderes. En ese caso, el Poder Judicial es uno de los tres que nos gobiernan, y tan importante como el Ejecutivo y el Legislativo. Por lo tanto, en la confrontación actual, los contrincantes son del mismo peso y la disputa puede ser significativa. Dicen que entre bueyes no hay cornadas, pero aquí puede haber cornadas, carnudos, cornetas y cornalitos. Veremos, dijo La Pirámide. Por ahora la cuestión está planteada en términos de palabras. Le va a ser difícil a Cristina presentar una demanda en contra del poder judicial. Dijo un juez de la corte: “Che, Néstor, decile que la corte”.