Los diarios de ayer no sacaron en primera plana: Murió Jesús pero volvió a resucitar. Los romanos no pudieron acallar la voz de el Salvador. En el monte Calvario todo fue dolor, pero también fue esperanza. No, los diarios de ayer dieron noticias sobre la buena respuesta turística que se había producido en Semana Santa. Porque fue un boom en todo el país. Los cristianos dijeron uno es cristiano en donde esté y por donde vaya, así que yo me voy a ser cristiano a Mar del Plata, a Carlos Paz, a San Luis, a Potrerillos, total, en todos esos lugares hay iglesias.

La fe mueve montañas, por lo tanto puede mover a una familia entera y más si ocurre adentro de un auto. Así que los centros turísticos argentinos se vieron desbordados por esta marea invasora que hincha las arcas de esos lugares. Los mendocinos, para Semana Santa, solíamos ir a Chile para descansar en la playa con algunas caricias de febo sobre la piel, sin tocar el agua, porque es más fría que novia enculada. Pues este año fueron unos pocos valientes, muy pocos. Los demás dijeron: “No, loco, Chile es más peligroso que usar una serpiente de collar, no voy a ir a pagar por participar en quince o dieciséis réplicas”.

De nada valieron los intentos de las empresas turísticas trasandinas para hacer retornar a los semanasantes. Las playas de la Quinta se vieron más vacías que biblioteca de D’Elía. Eso sí, los chilenos se vinieron para acá. Muchos chilenos, muchos autos por las calles con la patente blanca. Muchos dientes chilenos hincándole los dientes a las carnes argentinas, ahora que no es pecado. Porque desde hace algunos años, la Conferencia Episcopal Argentina afirmó que la abstinencia de carne puede ser sustituida con privación de bebidas alcohólicas o con obras de caridad.

 Y muchos vagos prefieren construir un barrio para los más desposeídos que privarse del asado de los viernes. Pasó Semana Santa con un éxito para todos, porque en cuestión religiosa se produjo otra vez la resurrección de la esperanza y en materia turística los hoteles estuvieron llenos. Digo yo, en vez de una semana, ¿no podría ser un mes santo?, ¿ah? Dale.