“Me parece que la caja es más grande”, le dice Alfredo Cornejo a un colaborador, sonriendo y mirando de reojo el cofre de madera y vidrio que contiene el cetro y la banda de gobernador que recibirá este lunes Rodolfo Suarez. A muy poca distancia está el suyo, el que se llevará en las próximas horas, cuando salga por última de la amplia oficina desde la que manejó los destinos de la provincia durante los últimos cuatro años.

“Estoy un poco triste, pero no por dejar la gobernación”, se conmueve Cornejo al recordar que “en estos años perdí a mis padres”. Y poco acostumbrado a mostrar en público sus emociones, el gobernador saliente explica que “cuando empieza a bajar la vorágine de ser gobernador empiezan a verse también los temas personales”.
“Me voy bien aunque siento un poquito de nostalgia, como le pasa a todo el mundo cuando cambia de trabajo”, admite Cornejo en sus últimas horas como mandatario provincial. También reconoce que “no estaba muy entusiasmado” con ser diputado nacional y que fue candidato “porque el equipo lo pidió”. Pero rápidamente aclara que “voy a poner todo” en el nuevo cargo.
“Siento también alivio porque es una pesada carga gobernar la provincia”, asegura además este sancarlino de 57 años que le dejará el poder a Suarez, otro radical nacido en ese departamento del Valle de Uco.

